Fútbol femenino sin audiencia ni gradas: el dilema del morbo
Mientras Alexia Putellas celebraba un gol en la fase de clasificación para el Mundial femenino de Brasil 2027, en la conversación pública se abría otra partida: la de si el fútbol femenino puede sobrevivir sin cambiar de producto. Los datos son tozudos: a pesar de regalar entradas en numerosos partidos, las gradas siguen medio vacías y el interés no despega.
Ante esa falta de audiencia, han aparecido voces que sostienen que el nivel es demasiado bajo y que el espectador no pagará por verlo sin un aliciente extra. El aliciente, en la versión más explícita, pasa por la sexualización de las jugadoras, tomando como referencia la Lingerie Football League estadounidense, que combinaba lencería y fútbol. Otros prefieren mirar hacia otra parte: algunos analistas señalan que el verdadero problema no es el fútbol femenino, sino que el deporte en general se ha convertido en un teatro, con el VAR y las discusiones como protagonistas.
La pugna enfrenta a quienes piden tiempo y méritos propios para el deporte femenino con los que lo dan por imposible sin recurrir al morbo. Y en medio, la realidad que nadie discute: las entradas que se regalan no bastan para llenar un estadio. Hasta que eso cambie, la duda sobre el rumbo seguirá en el aire. Y mientras tanto, Putellas sigue marcando goles que pocos ven.