Ruben Gisbert: ¿las élites provocan disturbios para justificar la vigilancia masiva?
El analista Ruben Gisbert ha puesto sobre la mesa una tesis que resuena en círculos escépticos: los conflictos callejeros no son espontáneos, sino promovidos por las élites para tener la excusa de imponer medidas de control, como el reconocimiento facial sin orden judicial. Lo dijo tras los disturbios de Belfast, que según él podrían extenderse por Europa. La comparación con las protestas de los agricultores —violentas pero sin resultados— refuerza su argumento: la violencia no cambia nada si no está dirigida a un fin concreto.
Una agenda global o un patrón local
La tesis no se queda en Europa. Quienes la comparten señalan que en países americanos y Sudáfrica se repite el mismo esquema: protestas masivas contra la inmi gración o el régimen que, al ser cortadas de internet, se desvanecen. El ejemplo de Irán, donde las protestas cesaron al desconectarse la red, se cita como prueba de que muchos movimientos están orquestados. “Vivimos en una obra de teatro”, resume una corriente de análisis.
Críticas y contraargumentos
No todo el mundo compra el relato. Las críticas a Gisbert son duras: se le acusa de ser un “memócrata trevijanista” y de actuar como altavoz de los intereses de Moscú. Su alternativa, según detractores, sería someter Occidente a través del imperialismo ruso. Además, se cuestiona su imagen pública, comparándolo con otras figuras mediáticas. El debate, en cualquier caso, refleja una desconfianza creciente hacia la narrativa oficial de los conflictos sociales.
La pregunta que queda en el aire es si realmente existe una coordinación global o si se trata de coincidencias que alimentan teorías conspirativas. Por ahora, los datos no permiten confirmar ni descartar del todo la hipótesis de Gisbert.
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