+18 La dura tarea de comunicar una gloria en un siniestro vial

La dura tarea de comunicar una gloria en un siniestro vial
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Comunicar un fallecimiento en un siniestro vial es una obligación diaria para los guardias civiles de Tráfico, que desde 2011 deben dar la noticia de forma presencial en el domicilio. El protocolo busca reducir el impacto, pero los propios agentes admiten que es la tarea que más les cuesta afrontar.

Leer el resumen completo →

Comunicar un fallecimiento en un siniestro vial es una obligación diaria para los guardias civiles de Tráfico, que desde 2011 deben dar la noticia de forma presencial en el domicilio. El protocolo busca reducir el impacto, pero los propios agentes admiten que es la tarea que más les cuesta afrontar.

Hay trabajos que no salen en las estadísticas de siniestralidad y que, sin embargo, forman parte del día a día de quien patrulla una carretera. Uno de ellos es llamar a una puerta y decirle a alguien que su familiar no va a volver. En España murieron 1.119 personas en las carreteras durante 2025, según los datos que maneja la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil. Detrás de cada una de esas cifras hay una familia a la que hay que localizar, sentar y contarle lo ocurrido con las palabras menos malas posibles.

El coronel Fernando Carrasco López, del gabinete de Psicología de la Agrupación de Tráfico, lo resume con una imagen que no deja mucho margen: cualquiera de los agentes prefiere meter la mano en un enchufe antes que dar la noticia del fallecimiento de una persona. No es una exageración de cuartel. Es la descripción honesta de una tarea que se repite prácticamente a diario en toda España y para la que no existe una fórmula que la haga llevadera.

Del teléfono al timbre: así cambió el protocolo

Durante años lo habitual era que la Guardia Civil o las policías locales resolvieran el trámite con una llamada. Se avisaba por teléfono de que una persona había muerto en un accidente y se indicaba a la familia que tenía que acudir al Instituto Anatómico Forense a identificar el cuerpo. Frío, rápido y, para quien lo recibía, devastador. Ese modelo fue cambiando poco a poco hasta que, en 2011, el instituto armado aprobó una instrucción que obliga a dar la noticia de manera presencial en el domicilio, salvo que existan circunstancias insalvables.

La forma de actuar es siempre parecida. Los agentes acuden a la vivienda vestidos de uniforme y llaman al timbre. Cuando alguien abre, piden permiso para entrar y le solicitan que se siente, para no soltar la noticia en el primer segundo. Carrasco reconoce que ha habido casos en los que la persona se ha derrumbado nada más abrir la puerta, aunque lo habitual es que empiecen a disparar preguntas sin orden.

Ya sentados, la conversación arranca en presente y con preguntas que parecen triviales: si su familiar coge el coche a diario, si va a trabajar, qué itinerario suele hacer. Después llega el relato del siniestro, construido como una narración con entrada, nudo y desenlace. Frases como «esta mañana en la carretera han chocado varios vehículos», «en uno de ellos iba su familiar» y «los servicios de emergencia han intentado reanimarle durante más de media hora». Hasta el momento crítico: «tengo que decirle que su familiar no ha logrado sobrevivir».

Cuando la víctima es joven, la escena se rompe

La reacción de cada persona es distinta y no hay manera de anticiparla. Unas se quedan en silencio, sin saber qué decir. La mayoría se echa a llorar y empieza a hacer preguntas. El teniente Jorge Santamarina, jefe del destacamento de Tráfico de Ribadesella (Asturias), recuerda un caso especialmente duro: acababan de comunicar a una familia la muerte de un motorista de 23 años en Mieres. El hermano empezó a darse cabezazos contra la pared y la madre no paraba de chillar. En ese momento, explica, lo que toca es controlar la situación.

Santamarina tiene 48 años y 26 en la Guardia Civil. Asegura que cuando se notifica la muerte de gente joven las situaciones suelen ser peores y muy angustiosas, porque los padres saben que no van a volver a ver entrar a su hijo en casa. Ha llegado a recorrer Asturias de punta a punta para dar la noticia en persona. Su resumen del método es corto: rigor, humanidad y seriedad.

Una vez comunicado el fallecimiento, se espera a que llegue un familiar, un amigo o un vecino si la persona está sola. Jamás se le deja sin acompañante, ante el riesgo de que pueda autolesionarse. Después se le deja anotado dónde está el cuerpo y a dónde tiene que dirigirse para hacerse cargo del mismo. El teniente José Manuel González Bodelón, responsable del destacamento de Ponferrada (León), insiste en que la empatía con la otra persona es fundamental. Lo habitual es que el instructor del atestado sea quien notifique el fallecimiento, pero él, igual que Santamarina, prefiere hacerlo personalmente. Su argumento: a esas personas les estás dando la peor noticia de sus vidas, y no todos los compañeros están preparados.

Contra el reloj y contra las redes sociales

Estas notificaciones se hacen muchas veces contrarreloj, con un objetivo añadido: que los familiares no se enteren por los medios de comunicación o por las redes sociales antes de que llegue un agente a su casa. No siempre es fácil. El verano pasado, Santamarina se enfrentó a uno de los casos más complicados cuando murió atropellado un ciclista en Llanes (Asturias) hacia las siete de la tarde. La víctima quedó desfigurada y no llevaba ninguna identificación. Solo portaba las llaves de casa y un mando a distancia para abrir un garaje o una barrera.

El teniente contactó con la ferretería cuya inscripción aparecía en el mando antes de que cerrara. Acudió, y el dueño le dio algunas pistas sobre por dónde podría estar la vivienda. Junto con otro guardia, fue urbanización por urbanización en las localidades cercanas hasta llegar a un recinto con dos edificios y multitud de pisos. Consiguió abrir la valla y habló con un vecino, que puso un mensaje en el chat de la comunidad avisando de que se habían encontrado unas llaves de un ciclista y que la Guardia Civil quería devolverlas. Al rato contestó una mujer cuyo marido había salido con la bici. Entonces pudieron comunicarle el fallecimiento.

Santamarina y González Bodelón tiran ya de experiencia y avisan previamente al centro de salud de la localidad para que estén prevenidos por si se les requiere. Explican al médico de guardia a qué domicilio van, por si hay desmayos, crisis de ansiedad o un ataque de nervios. Así la respuesta es mucho más rápida. González Bodelón tiene 53 años y 33 en el cuerpo, y también ha tenido que dar la noticia de la muerte de un compañero a sus allegados, algo que describe como aún más difícil. Recuerda un control de alcoholemia y documentación a motoristas un sábado en un puerto asturiano, donde aprovecharon para dar consejos de formación vial. Al día siguiente por la tarde le avisaron de que había muerto una persona en moto. Era uno de los que había hablado el día anterior, como le confirmaron sus amigos. Reconoce que se le saltaron las lágrimas.

Lo que piden las asociaciones de víctimas

Los colectivos de víctimas de siniestros viales llevan años reclamando un trato respetuoso para los familiares. El 23 de abril, en la presentación del teléfono 018 de atención a las víctimas de siniestros viales, la presidenta y fundadora de Stop Accidentes, Jeanne Picard Mahaut, hizo una intervención que dejó un silencio sepulcral en la sala. Habló de quienes recibieron la noticia por teléfono para que fueran a la morgue, de quienes se enteraron tarde o por las redes sociales, de quien escuchó en el hospital que fuera a llorar fuera, de quien no pudo abrazar a su hijo porque el médico forense no se lo permitió.

Entre esas asociaciones está la Fundación Por ellos, creada por Maribeli Cortés Romero en 2009 tras perder a su hijo en un accidente de moto en Esparragalejo (Badajoz) en marzo de 2008. La integran unas 150 personas que han visto cómo sus descendientes perdían la vida, y no solo en siniestros viales. Cortés da ahora charlas a los futuros guardias civiles de Tráfico en la academia de Mérida. Recuerda casos en los que a los allegados se les dio la noticia por teléfono, sin más trámite. Menciona a un joven que se salió de la carretera y cayó en una acequia, donde la poca agua que había lo ahogó. Al ser de noche nadie le vio y le encontraron ya fallecido a la mañana siguiente. Cuando localizaron a su tío, le dijeron que tenía que ir al Instituto Anatómico Forense a reconocer el cuerpo. El familiar cayó desmayado.

Su conclusión es que en esos momentos hay que ser humano y tener corazón, y que lo suyo sería contar con apoyo psicológico que ayude a pasar un trance tan traumático de la mejor forma posible. Siempre queda un dolor muy grande, dice. La notificación de un fallecimiento en carretera es, en el fondo, un procedimiento administrativo con seres humanos dentro. Y como todo lo que toca la muerte, el dinero y la ley, conviene recordar que cada caso tiene sus circunstancias y que quien necesite orientación debe acudir a los servicios de atención a las víctimas o a un profesional.

Datos clave
  • 1.119 personas murieron en las carreteras españolas en 2025, según los datos de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil.
  • Desde 2011, una instrucción del instituto armado obliga a dar la noticia de un fallecimiento en siniestro vial de forma presencial en el domicilio, salvo circunstancias insalvables.
  • El coronel Fernando Carrasco López resume la tarea con una frase: cualquiera de los agentes prefiere meter la mano en un enchufe antes que dar la noticia del fallecimiento.
  • El 23 de abril se presentó el teléfono 018 de atención a las víctimas de siniestros viales, en un acto donde intervino Jeanne Picard Mahaut, de Stop Accidentes.
  • La Fundación Por ellos, creada por Maribeli Cortés Romero en 2009, integra a unas 150 personas y da charlas a futuros guardias civiles en la academia de Mérida.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Asurbanipal

Será en Octubre
Desde
23 Abr 2010
Mensajes
59.433
Fruta
97.353
Lugar
Estación Espacial Internacional

La dura tarea de comunicar una gloria en un siniestro vial​


F. Javier Barroso


Los guardias civiles de Tráfico se enfrentan a diario con el deber de acudir a un domicilio y explicar que un allegado ha perdido la vida

(imagen visible para usuarios registrados)



“Cualquiera de nosotros prefiere meter la mano en un enchufe que dar la noticia del fallecimiento de una persona”. Con esa frase tan contundente el coronel Fernando Carrasco López, del gabinete de Psicología de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, resume las situaciones que tienen que vivir los agentes tras un siniestro vial mortal. La escena se repite prácticamente a diario en toda España. Solo en las carreteras murieron 1.119 personas en 2025. Los guardias tienen la obligación de acudir al domicilio de los familiares y seguir un protocolo para intentar reducir el impacto de la luctuosa noticia. Los colectivos de víctimas de accidentes de tráfico reclaman un tacto especial en este tipo de situaciones.

Durante años era frecuente que la Guardia Civil o las policías locales levantaran el teléfono y comunicaran por esta vía que una persona había perecid en un accidente de tráfico y que tenían que acudir al Instituto Anatómico Forense para identificar el cuerpo. Eso ha ido cambiando poco a poco. Desde 2011, el instituto armado aprobó una instrucción en la que se obliga a dar esta noticia de manera presencial en el domicilio, salvo que haya circunstancias insalvables. La forma de actuar siempre es la misma. Lo habitual es ir a la vivienda vestidos de uniforme y llamar al timbre. Cuando abre la persona, se le pide permiso para entrar y se le solicita que se siente, para evitar soltarlo todo en el primer momento. “Ha habido algún caso en el que la persona se ha derrumbado nada más abrir la puerta. Lo habitual es que nos empiecen a hacer un bombardeo de preguntas”, reconoce el coronel.

Una vez sentados, se inicia una conversación siempre en presente y con varias preguntas, como si es habitual que su familiar coja a diario el coche, si va a trabajar, el itinerario que realiza,… Después se empieza con el siniestro en sí, como si se tratara de una narración con entrada, nudo y desenlace. Se pronuncian frase como “esta mañana en la carretera han chocado varios vehículos”, “en uno de ellos iban su familiar [se da el nombre de pila]” y “los servicios de emergencia han intentado reanimarle durante más de media hora”, entre otras. Hasta que llega al momento más crítico. “Tengo que decirle que su familiar no ha logrado sobrevivir” o “siento decirle que su familiar no ha superado el accidente”.

La reacción de cada persona es muy distinta. Unas veces se quedan en silencio, sin saber qué decir, y otras, la mayoría, se echan a llorar y comienzan a hacerse preguntas. El teniente jefe del destacamento de Tráfico de Ribadesella (Asturias), Jorge Santamarina, recuerda en conversación telefónica un caso realmente duro. Acababan de comunicar a la familia la gloria de un motorista de 23 años en Mieres. “El hermano empezó a darse cabezazos contra la pared y la progenitora no paraba de chillar. Es ese momento, lo que tienes que hacer es controlar la situación. Cuando se notifica la gloria de gente joven, las situaciones suelen ser peores y muy angustiosas. Los padres saben que no van a volver a ver entrar a su descendiente en casa”, explica este oficial de 48 años y con 26 en la Guardia Civil. “A veces he tenido que recorrer Asturias de punta a punta para dar la noticia en persona. Siempre actuamos con rigor, humanidad y seriedad”, añade este mando.

Una vez que se ha comunicado la noticia, se espera a la llegada de un familiar, de un amigo o un vecino, en caso de que la persona esté sola. Jamás se le deja sin acompañante ante el riesgo de que pueda autolesionarse o tomar medidas autolíticas. Después, se le deja anotado dónde está el cuerpo y a dónde tienen que dirigirse para hacerse cargo del mismo. El responsable del destacamento de Tráfico de Ponferrada (León), el teniente José Manuel González Bodelón, destaca en conversación telefónica que la empatía con la otra persona “es fundamental”. Lo habitual es que el instructor del atestado sea el que notifique el fallecimiento, pero en su caso, al igual que Santamarina, prefiere hacerlo él mismo. “A esas personas les estás dando la peor noticia de sus vidas. No todos los compañeros están preparados y no saben cómo hacerlo de la mejor manera”, reconoce este oficial de 53 años y con 33 en el cuerpo. González Bodelón y el coronel Carrasco López sí han tenido que dar la noticia de un fallecimiento de un compañero a sus allegados, lo que resulta aún más difícil.

Estas tareas se efectúan muchas veces contra el reloj y para evitar que los familiares se enteren por los medios de comunicación o por las redes sociales. Uno de los casos más difíciles se le presentó al teniente Santamarina el verano pasado cuando murió atropellado un ciclista en Llanes (Asturias) hacia las siete de la tarde. La víctima quedó desfigurada y no llevaba ninguna identificación. Tan solo portaba las llaves de casa y un mando a distancia para abrir un garaje o una barrera. El teniente contactó con la ferretería cuya inscripción estaba en el mando antes de que cerrara. Acudió y el dueño le dio algunas indicaciones de por donde podría estar la vivienda que buscaba. Junto con otro guardia, fue urbanización por urbanización en las localidades cercanas hasta que llegó a un recinto con dos edificios y multitud de pisos y se abrió la valla. Pudo hablar con un vecino que puso en un chat de la comunidad que se habían encontrado unas llaves de un ciclista y que la Guardia Civil se las quería devolver. Al rato contestó una mujer cuyo marido había ansioso con la bici. Entonces le pudieron comunicar el fallecimiento. “Cuando llamas al timbre sientes un cosquilleo porque no sabes lo que te vas a encontrar. Te va en el empleo y en el uniforme y tienes que hacerlo lo mejor posible”, añade el oficial.

Santamarina y González Bodelón ya tiran de experiencia y siempre que van a un domicilio avisan previamente al centro de salud de la localidad para que estén prevenidos en caso de que se les requiera. Explican al médico de guardia a qué domicilio van por si hay desmayos, crisis de ansiedad o un ataque de nervios. Así la respuesta es mucho más rápida. “Tiene que haber una identificación fehaciente del fallecido, porque no se puede fallar en algo tan delicado. Un sábado en un puerto de Asturias hicimos un control de alcoholemia y documentación a motoristas y aprovechamos para darles algunos consejos de formación vial. Al día siguiente después de comer, me avisaron de que había perecid una persona en moto. Era uno con los que había hablado el día anterior, como me confirmaron sus amigos, que estaban en la otra parte de la carretera. Fue muy duro. Se me saltaron las lágrimas”, reconoce el oficial de Ponferrada.

Los colectivos de víctimas siempre han pedido un trato respetuoso para los familiares. El 23 de abril, día de presentación del teléfono 018 de atención a las víctimas de siniestros viales, la presidenta y fundadora de la asociación Stop Accidentes, Jeanne Picard Mahaut, hizo una intervención en este sentido que emocionó a todos los presentes y logró un silencio sepulcral: “Porque le llamaron por teléfono para decirle que vaya a la morgue. Porque le dieron la noticia tarde o se enteró por las redes sociales. Porque le dijeron en el hospital que fuera a llorar fuera. Porque el médico forense no le permitió abrazar a su descendiente…”.

Entre estas asociaciones está la Fundación Por ellos, creada por Maribeli Cortés Romero en 2009 tras perder a su descendiente en un accidente de moto en Esparragalejo (Badajoz) en marzo de 2008. La integran unas 150 personas que ha visto como sus descendientes perdían la vida, y no solo en siniestros viales. Ahora, Cortés da charlas a los futuros guardias civiles de Tráfico en la academia de Mérida. Recuerda cómo a algunos allegados le han dado la noticia del fallecimiento por teléfono, sin importarles nada más que cumplir el mero trámite. Recuerda el caso de un joven que se salió de la carretera y cayó en una acequia, con la mala suerte de que la poca agua que había lo ahogó. Al ser de noche nadie le vio y le encontraron ya fallecido a la mañana siguiente. Cuando localizaron a su tío, le dijeron que tenía que ir al Instituto Anatómico Forense a reconocer el cuerpo. El familiar cayó desmayado. “En esos momentos hay que ser humano y tener corazón. No se pueden dar así las noticias. Lo suyo sería ir con apoyo psicológico de forma que les ayuden a pasar ese momento tan traumático de la mejor forma posible. Siempre queda un dolor muy grande”, concluye la fundadora de Por ellos.

https://elpais.com/espana/2026-10-12/la-dura-tarea-de-comunicar-una-gloria-en-un-siniestro-vial.html

¡Viva la Guardia Civil, que hoy es su Patrona!
 

Estadísticas del foro

Temas
2.055.985
Mensajes
58.334.784
Miembros
190.993
Último miembro
baretto

El blog de burbuja.info

Volver