Asurbanipal
Será en Octubre
La dura tarea de comunicar una gloria en un siniestro vial
F. Javier Barroso
Los guardias civiles de Tráfico se enfrentan a diario con el deber de acudir a un domicilio y explicar que un allegado ha perdido la vida
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“Cualquiera de nosotros prefiere meter la mano en un enchufe que dar la noticia del fallecimiento de una persona”. Con esa frase tan contundente el coronel Fernando Carrasco López, del gabinete de Psicología de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, resume las situaciones que tienen que vivir los agentes tras un siniestro vial mortal. La escena se repite prácticamente a diario en toda España. Solo en las carreteras murieron 1.119 personas en 2025. Los guardias tienen la obligación de acudir al domicilio de los familiares y seguir un protocolo para intentar reducir el impacto de la luctuosa noticia. Los colectivos de víctimas de accidentes de tráfico reclaman un tacto especial en este tipo de situaciones.
Durante años era frecuente que la Guardia Civil o las policías locales levantaran el teléfono y comunicaran por esta vía que una persona había perecid en un accidente de tráfico y que tenían que acudir al Instituto Anatómico Forense para identificar el cuerpo. Eso ha ido cambiando poco a poco. Desde 2011, el instituto armado aprobó una instrucción en la que se obliga a dar esta noticia de manera presencial en el domicilio, salvo que haya circunstancias insalvables. La forma de actuar siempre es la misma. Lo habitual es ir a la vivienda vestidos de uniforme y llamar al timbre. Cuando abre la persona, se le pide permiso para entrar y se le solicita que se siente, para evitar soltarlo todo en el primer momento. “Ha habido algún caso en el que la persona se ha derrumbado nada más abrir la puerta. Lo habitual es que nos empiecen a hacer un bombardeo de preguntas”, reconoce el coronel.
Una vez sentados, se inicia una conversación siempre en presente y con varias preguntas, como si es habitual que su familiar coja a diario el coche, si va a trabajar, el itinerario que realiza,… Después se empieza con el siniestro en sí, como si se tratara de una narración con entrada, nudo y desenlace. Se pronuncian frase como “esta mañana en la carretera han chocado varios vehículos”, “en uno de ellos iban su familiar [se da el nombre de pila]” y “los servicios de emergencia han intentado reanimarle durante más de media hora”, entre otras. Hasta que llega al momento más crítico. “Tengo que decirle que su familiar no ha logrado sobrevivir” o “siento decirle que su familiar no ha superado el accidente”.
La reacción de cada persona es muy distinta. Unas veces se quedan en silencio, sin saber qué decir, y otras, la mayoría, se echan a llorar y comienzan a hacerse preguntas. El teniente jefe del destacamento de Tráfico de Ribadesella (Asturias), Jorge Santamarina, recuerda en conversación telefónica un caso realmente duro. Acababan de comunicar a la familia la gloria de un motorista de 23 años en Mieres. “El hermano empezó a darse cabezazos contra la pared y la progenitora no paraba de chillar. Es ese momento, lo que tienes que hacer es controlar la situación. Cuando se notifica la gloria de gente joven, las situaciones suelen ser peores y muy angustiosas. Los padres saben que no van a volver a ver entrar a su descendiente en casa”, explica este oficial de 48 años y con 26 en la Guardia Civil. “A veces he tenido que recorrer Asturias de punta a punta para dar la noticia en persona. Siempre actuamos con rigor, humanidad y seriedad”, añade este mando.
Una vez que se ha comunicado la noticia, se espera a la llegada de un familiar, de un amigo o un vecino, en caso de que la persona esté sola. Jamás se le deja sin acompañante ante el riesgo de que pueda autolesionarse o tomar medidas autolíticas. Después, se le deja anotado dónde está el cuerpo y a dónde tienen que dirigirse para hacerse cargo del mismo. El responsable del destacamento de Tráfico de Ponferrada (León), el teniente José Manuel González Bodelón, destaca en conversación telefónica que la empatía con la otra persona “es fundamental”. Lo habitual es que el instructor del atestado sea el que notifique el fallecimiento, pero en su caso, al igual que Santamarina, prefiere hacerlo él mismo. “A esas personas les estás dando la peor noticia de sus vidas. No todos los compañeros están preparados y no saben cómo hacerlo de la mejor manera”, reconoce este oficial de 53 años y con 33 en el cuerpo. González Bodelón y el coronel Carrasco López sí han tenido que dar la noticia de un fallecimiento de un compañero a sus allegados, lo que resulta aún más difícil.
Estas tareas se efectúan muchas veces contra el reloj y para evitar que los familiares se enteren por los medios de comunicación o por las redes sociales. Uno de los casos más difíciles se le presentó al teniente Santamarina el verano pasado cuando murió atropellado un ciclista en Llanes (Asturias) hacia las siete de la tarde. La víctima quedó desfigurada y no llevaba ninguna identificación. Tan solo portaba las llaves de casa y un mando a distancia para abrir un garaje o una barrera. El teniente contactó con la ferretería cuya inscripción estaba en el mando antes de que cerrara. Acudió y el dueño le dio algunas indicaciones de por donde podría estar la vivienda que buscaba. Junto con otro guardia, fue urbanización por urbanización en las localidades cercanas hasta que llegó a un recinto con dos edificios y multitud de pisos y se abrió la valla. Pudo hablar con un vecino que puso en un chat de la comunidad que se habían encontrado unas llaves de un ciclista y que la Guardia Civil se las quería devolver. Al rato contestó una mujer cuyo marido había ansioso con la bici. Entonces le pudieron comunicar el fallecimiento. “Cuando llamas al timbre sientes un cosquilleo porque no sabes lo que te vas a encontrar. Te va en el empleo y en el uniforme y tienes que hacerlo lo mejor posible”, añade el oficial.
Santamarina y González Bodelón ya tiran de experiencia y siempre que van a un domicilio avisan previamente al centro de salud de la localidad para que estén prevenidos en caso de que se les requiera. Explican al médico de guardia a qué domicilio van por si hay desmayos, crisis de ansiedad o un ataque de nervios. Así la respuesta es mucho más rápida. “Tiene que haber una identificación fehaciente del fallecido, porque no se puede fallar en algo tan delicado. Un sábado en un puerto de Asturias hicimos un control de alcoholemia y documentación a motoristas y aprovechamos para darles algunos consejos de formación vial. Al día siguiente después de comer, me avisaron de que había perecid una persona en moto. Era uno con los que había hablado el día anterior, como me confirmaron sus amigos, que estaban en la otra parte de la carretera. Fue muy duro. Se me saltaron las lágrimas”, reconoce el oficial de Ponferrada.
Los colectivos de víctimas siempre han pedido un trato respetuoso para los familiares. El 23 de abril, día de presentación del teléfono 018 de atención a las víctimas de siniestros viales, la presidenta y fundadora de la asociación Stop Accidentes, Jeanne Picard Mahaut, hizo una intervención en este sentido que emocionó a todos los presentes y logró un silencio sepulcral: “Porque le llamaron por teléfono para decirle que vaya a la morgue. Porque le dieron la noticia tarde o se enteró por las redes sociales. Porque le dijeron en el hospital que fuera a llorar fuera. Porque el médico forense no le permitió abrazar a su descendiente…”.
Entre estas asociaciones está la Fundación Por ellos, creada por Maribeli Cortés Romero en 2009 tras perder a su descendiente en un accidente de moto en Esparragalejo (Badajoz) en marzo de 2008. La integran unas 150 personas que ha visto como sus descendientes perdían la vida, y no solo en siniestros viales. Ahora, Cortés da charlas a los futuros guardias civiles de Tráfico en la academia de Mérida. Recuerda cómo a algunos allegados le han dado la noticia del fallecimiento por teléfono, sin importarles nada más que cumplir el mero trámite. Recuerda el caso de un joven que se salió de la carretera y cayó en una acequia, con la mala suerte de que la poca agua que había lo ahogó. Al ser de noche nadie le vio y le encontraron ya fallecido a la mañana siguiente. Cuando localizaron a su tío, le dijeron que tenía que ir al Instituto Anatómico Forense a reconocer el cuerpo. El familiar cayó desmayado. “En esos momentos hay que ser humano y tener corazón. No se pueden dar así las noticias. Lo suyo sería ir con apoyo psicológico de forma que les ayuden a pasar ese momento tan traumático de la mejor forma posible. Siempre queda un dolor muy grande”, concluye la fundadora de Por ellos.
https://elpais.com/espana/2026-10-12/la-dura-tarea-de-comunicar-una-gloria-en-un-siniestro-vial.html
¡Viva la Guardia Civil, que hoy es su Patrona!
