El PSOE contabiliza 180 ataques a sus sedes desde noviembre de 2023
Un edificio de la calle Vargas de Santander. Dentro, 70 personas celebrando un acto sobre memoria histórica. Fuera, alguien lanza explosivos caseros con un mensaje escrito: «Frente a las mentiras y el revanchismo, PSOE = Satanás». No hubo heridos, pero el episodio sirve para ilustrar el clima que se discute: la sede del PSOE en Cantabria ha sufrido varios ataques en los últimos meses y en el debate se eleva la cuenta global a más de 180 desde noviembre de 2023. La cifra, difundida por medios como
elDiario.es, choca con la respuesta de la derecha mediática y digital: pintadas, huevazos y escraches son «ataques» de baja intensidad comparados con lo que, sostienen, vendrá.
¿Cuántos ataques a sedes del PSOE se han registrado?
En el debate se manejan más de 140 sedes atacadas desde julio de 2023 y 180 desde noviembre de ese año, según los datos que se cruzan en la conversación. El episodio de Santander, con explosivos caseros lanzados al interior de un local con 70 personas dentro, es el más grave de los documentados. La respuesta de una parte del espectro político no niega los hechos: los relativiza. «Una pintada se entiende por ataque?», se pregunta, porque entonces todas las sedes de todos los partidos estarían bajo ataque de toda la vida. La discusión deriva hacia la definición misma de violencia política: ¿cuenta igual una pancarta que un artefacto explosivo?
La respuesta del PP y VOX: pintadas, huevos y mesas informativas
El otro lado de la balanza lo componen los episodios que afectan a la derecha. Se citan ataques con piedras y huevos contra mesas informativas de VOX en Sabadell, Castellón y Barcelona, intentos de agresión física a militantes, un chofer del PP pillado quitando carteles y agrediendo a un cámara, y un centenar de personas intentando boicotear un acto de VOX en Pamplona. La simetría es el argumento central: si cada pintada en una sede socialista es un «ataque», cada huevo en una mesa de VOX también lo es. La diferencia, replican desde el otro lado, es que un explosivo casero con 70 personas dentro no es lo mismo que una pintada.
El relato del «modo falange» y la memoria del 36
El título que originó la discusión —«La derecha ha entrado en modo falange a principios del 36 con violencia inusitada y abrazando genocidios»— resume la tesis de una parte: la derecha política y mediática habría adoptado tácticas de confrontación propias de la Segunda República. La respuesta es una contra-tesis histórica: se sostiene que la Falange no fue violenta hasta que, tras 22 militantes asesinados, respondió en una sola ocasión, y que fue la izquierda quien empezó a matarlos en 1933. La discusión se convierte en un ajuste de cuentas con el pasado: el golpe de Asturias de 1934, los discursos de Largo Caballero, el Frente Popular y los siete años de gobierno. Cada bando elige su fecha de inicio.
«Casa de puteros»: cuando la pintada es el mensaje
Hay un episodio que condensa la disputa: la pintada «Casa de puteros» en la sede del PSOE de El Ejido. Para unos es un ataque vandálico más; para otros, «rotular correctamente una guarida de delincuentes puteros». La discusión se enreda con el caso de la alcaldesa del PP cuyo hijo, se afirma, pudo estar relacionado con una explosión. La conversación salta de la anécdota al insulto y del insulto a la acusación sin pasar por el dato. Lo único verificable es que las sedes socialistas acumulan actos de este tipo y que la cifra sigue subiendo.
El pulso por las cifras y el relato de la victimización
La discusión deriva hacia quién tiene derecho a sentirse víctima. Una parte sostiene que la izquierda tiene «el monopolio exclusivo de la violencia» y que la derecha solo se defiende. Otra responde que la violencia política no se mide por el número de pintadas sino por la capacidad de un artefacto de matar. En medio, la pregunta que nadie responde: ¿cuántos de esos 180 ataques han sido provocados por los propios atacados para generar «más tensión»? La sospecha se lanza sin prueba, pero circula. Y mientras, el contador sigue subiendo.
La cifra que descoloca no es la de ataques, sino la de años: 378 días después de abrirse esta discusión, el PSOE sigue contando sedes atacadas y la derecha sigue contando mesas informativas asaltadas. Nadie ha ganado el relato. Pero alguien está llevando la cuenta.