Bilbao pierde el tren económico frente a Sevilla y Málaga
Hubo un tiempo en que el aeropuerto de Bilbao era el más importante de España al margen de los dos grandes, y Vizcaya una provincia que doblaba en producto a Sevilla y triplicaba a Málaga. Hoy la comparación se hace al revés. La paradoja tiene guasa: la provincia con concierto económico, que gestiona y retiene la práctica totalidad de sus impuestos y presume de la pensión media más alta del país, lleva años cediendo terreno en PIB, empleo y
turismo extranjero frente a territorios que durante décadas encarnaron justo lo contrario. No es una opinión. Es una serie de datos que se ha ido actualizando con paciencia durante más de tres años de seguimiento.
El PIB de Vizcaya que ya no asusta a nadie
En los años de la dictadura el diferencial era abrumador:
563.000 millones de pesetas de PIB en Vizcaya frente a 343.000 en Sevilla y 212.000 en Málaga. Aquello no era talento empresarial puro, sino aranceles, mercado cautivo y protección estatal. Cuando esa coraza desapareció, la brecha se estrechó hasta invertirse: en
2001 Sevilla superó a Vizcaya en producto interior bruto y ya no ha vuelto a bajar de ahí. El
sorpasso dejó de ser una anécdota para convertirse en tendencia.
La última serie disponible deja el pulso así:
44.229,902 millones de euros para Vizcaya frente a
48.846,749 para Sevilla, con Málaga pegada a la rueda con 41.235,144 millones. La provincia que fue el motor industrial del Cantábrico ha visto cómo una capital administrativa y un litoral turístico le pasan por la derecha. Y no es un accidente de un año malo: es la fotografía de dos décadas.
Pernoctaciones extranjeras: Sevilla multiplica por seis a Bilbao
El turismo internacional es el mejor termómetro de la imagen exterior, y ahí el archiconocido cambio de imagen de Bilbao no se traduce en llegadas. En el último enero con datos comparables,
Sevilla registró 327.256 pernoctaciones de extranjeros, Málaga 165.419, Granada 114.208 y Bilbao 51.405. Una ciudad mediana como Granada dobla a la capital vizcaína; Sevilla la multiplica por seis. Y Bilbao juega con la frontera francesa a tiro de piedra.
En el primer registro comparable del seguimiento las cifras eran 226.478 para Sevilla, 133.429 para Málaga, 85.798 para Granada y 37.524 para Bilbao. La distancia no se ha cerrado en ningún caso: se ha mantenido o ha crecido.
El aeropuerto cuenta la misma historia. A principios de siglo era el más importante de los tres grandes aeródromos no madrileños ni catalanes, por delante de Valencia y Sevilla. Hoy aparece descolgado en todas las comparativas. El
efecto Guggenheim fue un éxito de marketing urbano, nadie lo discute. También fue un relato que se agotó.
Ocupados y parados: el mercado laboral que se ha congelado
Aquí está el dato que menos se comenta. Desde el pico de 2008, Sevilla ha pasado de
776.000 ocupados a 852.000 y Málaga de 614.000 a 814.000. Vizcaya, en el mismo periodo, pasó de 525.000 a 536.000. Once mil empleos más en tres lustros. El paro registrado dibuja lo mismo: Sevilla bajó de 174.000 a 144.000 parados y Málaga de 138.000 a 118.000, mientras Vizcaya apenas movió el contador, de 61.000 a 60.000.
Hay una lectura amable de esa foto: con poco paro estructural, es lógico que el margen de mejora sea escaso. La lectura incómoda es la otra: en
febrero de 2008 Vizcaya tenía 46.000 parados con un número de ocupados casi idéntico al actual. El mercado laboral vizcaíno no crea empleo neto desde hace casi dos décadas; simplemente no se hunde. Y eso, en una economía que envejece, es otra forma de quedarse quieto.
Cupo, pensiones y el problema demográfico
La relación entre ocupados y pensionistas es el nudo del asunto. Sevilla suma
852.500 ocupados y 373.722 pensionistas. Vizcaya, 536.500 y 277.395. Málaga, 814.300 y 272.875. Guipúzcoa, 317.000 y 176.779. En términos relativos, la provincia vasca sostiene una carga de pensiones muy superior a la andaluza, y ahí es donde el envejecimiento y la baja natalidad empiezan a pasar factura: el número de pensionistas apenas crece ya en el País Vasco.
El peso demográfico también se ha dado la vuelta. En
1970 solo Sevilla, Asturias, Madrid, Barcelona y Valencia superaban a Vizcaya en población. Hoy la superan además Alicante, Baleares, Cádiz, Málaga, Murcia y Las Palmas. Con población flotante, Málaga rondaría los 2,2 millones y Sevilla los 2,3, frente a los 2,15 de todo Euskadi.
Del orgullo industrial al agravio identitario
El cupo es el gran argumento de los defensores del modelo: una región con tejido empresarial reinvirtiendo todos sus impuestos en sí misma. El reverso lo pone quien señala que ese blindaje no ha impedido el estancamiento y que buena parte del peso político vasco en Madrid procede de la aritmética parlamentaria, no de la económica. La discusión, en algunos tramos, deriva hacia agravios identitarios y demográficos que poco tienen que ver con la contabilidad regional y que aquí no vamos a reproducir. El
ombliguismo como diagnóstico circula en las dos direcciones.
Hay también quien recuerda que la renta per cápita vasca sigue por encima de la media española, con diferencias que se cifran en torno a 4.000 euros, y que eso no se borra con tres años malos. Enfrente, el escenario menos amable compara el futuro vizcaíno con el de Asturias: una región rica en otro tiempo, sostenida por pensiones generosas, que se apaga a medida que desaparecen sus beneficiarios.
La concentración económica en Madrid y el arco mediterráneo es, además, una tendencia global, no un castigo dirigido. Londres y su periferia funcionan parecido. Pero eso no explica por qué Bilbao, con ventaja fiscal, posición logística y marca urbana, se ha quedado mirando cómo Sevilla le disputa el papel de tercera ciudad del país.
¿Y si el problema no fuera el sur, sino haber confundido una renta alta heredada con una economía capaz de generar futuro?