El vídeo de una agente de la Guardia Civil en Ibiza que no logra reducir a un sospechoso reaviva el debate sobre las cuotas de género en los cuerpos de seguridad
Un vídeo grabado en Ibiza muestra a una agente de la Guardia Civil –de larga melena y complexión menuda– forcejeando sin éxito con un varón que, según las imágenes, no opone gran resistencia. La agente golpea varias veces con la porra, pero sus movimientos son torpes y acaba impactando a un compañero. Lo que podría ser una anécdota operativa se ha convertido en el emblema de una discusión recurrente: ¿están las cuotas de género poniendo en riesgo la eficacia de las fuerzas de seguridad?
Salarios de oficina con riesgo de calle
En el análisis del incidente hay quien señala que la agente, pese a estar en primera línea, acabará previsiblemente en un destino administrativo. Las cifras se citan con crudeza: un sueldo neto de entre 4.000 y 6.000 euros mensuales –pagas extra incluidas– por tramitar expedientes de lunes a viernes, reducción de jornada mediante. “Es como tener un policía menos”, resume una opinión extendida. El coste para el contribuyente se dispara mientras la calle se queda sin respuesta.
Biología contra ideología
Los críticos aducen que la exigencia física de ciertos trabajos no se modula con leyes de paridad. “Seguimos empeñados por cuestiones ideológicas en poner mujeres a desempeñar trabajos para los que no están preparadas por biología”, se argumenta. Del otro lado, la defensa de las cuotas recuerda que las mujeres pueden realizar funciones policiales con eficacia, siempre que se les asigne el rol adecuado. El problema, según esta corriente, no es la agente sino la falta de formación específica o el destino inapropiado.
El ratio salario/riesgo
Un comentario irónico resume la escena: “Muy profesional, buen ratio salario/riesgo”. La agente recula cuando el sospechoso se pone violento, persigue despacio –dejando que los compañeros actúen– y solo acierta a dar dos golpes flojos. La comparación con otra imagen –una agente de épocas pasadas blandiendo la porra con decisión– subraya la pérdida de efectividad que algunos atribuyen a la selección por género.
El vídeo de Ibiza no demuestra nada por sí mismo, pero ha vuelto a abrir una caja de truenos que la Guardia Civil prefiere mantener cerrada. Mientras, la agente del vídeo –y otras muchas– seguirán cobrando lo mismo que sus compañeros, aunque su contribución operativa sea, según sus críticos, netamente inferior. El debate, como el bochorno de la tarde ibicenca, no se va a disipar.
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