Gafas de repente: el nuevo look de la clase política
Pedro Sánchez compareció en el Senado con gafas por primera vez. Días después, Isabel Díaz Ayuso estrenaba montura de carey en la Asamblea de Madrid. Entre medias, Mónica García pedía repartir gafas gratis para ver el eclipse de agosto. La coincidencia no es solo óptica: hay quien sostiene que detrás hay una operación de imagen, una conspiración de las gafapastas.
Los casos que alimentan la teoría
El patrón es sencillo: políticos que rara vez habían usado gafas aparecen de pronto con monturas llamativas, y encima feas a propósito, con esa estética de intelectual de tertulia. El caso más citado es el de Sánchez, pero no el único. La presidenta madrileña, Ayuso, ha sido vista con gafas de carey; Mónica García pide gafas para el eclipse con enfoque feminista; y no hay que olvidar a otras figuras en latitudes distintas. En todas ellas se repite el mismo gesto: el accesorio como parte del vestuario.
Presbicia, luz azul y el mito del NPC
Frente a la tesis conspirativa, hay una explicación mucho menos espectacular. Con la edad, la vista pierde capacidad de enfoque: se llama presbicia. Además, la exposición constante a pantallas ha popularizado las gafas con filtro de luz azul. O sea, el accesorio puede ser pura ergonomía. Aun así, otra lectura menos amable recuerda que el atuendo modifica la percepción: un traje, un peinado, unas gafas… el cliché funciona sobre el que mira.
El misterio no se resuelve. No hay datos que demuestren una conjura, pero el look ahí queda. La próxima vez que un político estrene montura, conviene mirar la agenda: puede haber una comparecencia cerca. O simplemente, una presbicia recién diagnosticada.