La coca se dispara: el nuevo gobierno de Colombia aprieta a los carteles
La coca va a ponerse por las nubes. La ofensiva del nuevo gobierno colombiano contra los principales capos del narcotráfico ha encendido las alarmas sobre una escalada de precios sin precedentes. Algunos pronósticos hablan de cotizaciones que podrían alcanzar los 10.000 euros el gramo, una cifra que, aun siendo exagerada, refleja la tensión en un mercado que se ajusta por la oferta.
A corto plazo, las detenciones reducen la capacidad de producción y distribución. Pero la historia del narcotráfico enseña que el negocio cambia de dueños, no desaparece. El ejemplo de El Salvador bajo Bukele es recurrente: la estrategia de mano dura parece contener el fenómeno, pero el tráfico continúa, simplemente con actores distintos. En Colombia, los vacíos que dejan los cabecillas detenidos serán cubiertos por organizaciones emergentes o por facciones que ya operaban en la sombra.
La otra variable es la demanda. Mientras existan consumidores, el mercado ilegal encontrará la manera de abastecerse. Si la coca escasea o encarece, una parte de la demanda se desplazará hacia otras sustancias. Es un circuito persistente que no se rompe con detenciones aisladas, por muy espectaculares que sean.
El impacto real de las operaciones policiales se verá en las calles, en el precio de la dosis y en la geopolítica del narcotráfico. Pero conviene no confundir un golpe de efecto con el final del problema. La literatura económica sobre mercados ilegales es tozuda: la prohibición no elimina la actividad, la redistribuye. Y mientras haya quien compre, habrá quien se arriesgue a vender.