Jóvenes catalanes apoyan a España: el independentismo se desinfla entre la generación Z
La imagen de adolescentes y veinteañeros ondeando banderas españolas mientras hablan en catalán se ha vuelto habitual en las calles de Barcelona durante el Mundial de 2026. No es un espejismo: los datos indican que el sentimiento de pertenencia a España está creciendo entre los catalanes más jóvenes, justo cuando el independentismo parece naufragar entre los boomers.
El fenómeno que rompe el relato oficial
Durante años, la narrativa dominante sostenía que la juventud catalana era mayoritariamente independentista, alimentada por el adoctrinamiento escolar y los medios públicos. Sin embargo, lo que se ve en los últimos partidos de la selección española es exactamente lo contrario: grupos de chavales que saltan y celebran los goles de España en perfecto catalán. "La chavalería nos saca eones de ventaja. No los engañan con el odio artificial de los políticos", resumen algunos analistas.
Según los participantes en la discusión, el cambio tiene raíces profundas. El procés independentista ha quedado asociado a una generación anterior, la de los boomers, que protagonizó el referéndum ilegal de 2017 y el posterior exilio de sus líderes. "Ser prucesiano se ve como algo de boomers y rancio", apuntan. La falta de resultados concretos —independencia que nunca llegó— y la gestión clientelar de la Generalitat han hecho mella en la credibilidad del movimiento.
La influencia del éxito deportivo y la cantera del Barça
No es casualidad que nueve de los jugadores de la selección española sean catalanes, y que la mayoría hayan salido de La Masía del FC Barcelona. Thierry Henry lo dijo en su día: el estilo de juego de España es un calco de lo que se enseña en la cantera azulgrana. Mientras el Real Madrid ficha estrellas extranjeras, el Barça produce talento local que viste la camiseta roja. Esto genera una identificación natural entre los jóvenes catalanes y la selección nacional.
Además, el auge de Messi y la selección argentina —que compite con España— ha provocado una reacción curiosa: en Madrid, muchas plazas se llenan de aficionados argentinos, mientras que en Barcelona el apoyo a España es más visible. "Los indepes no saben dónde meterse", ironizan algunos.
Factores demográficos y cambio generacional
Otro factor clave es la llegada de nuevos residentes latinoamericanos a Cataluña. Estos inmigrantes, que ya son numerosos en barrios de Barcelona, no tienen ninguna vinculación con el independentismo y se sienten cómodos con la bandera española. "Los latinos arrasan con las camisetas de España sin miedos", señalan. Al mismo tiempo, los hijos de inmigrantes de otras regiones españolas —los llamados "charnegos"— tienden a rechazar las posturas nacionalistas de sus padres, viéndolas como algo atrasado.
La crisis de la televisión pública catalana también ha contribuido: los jóvenes ya no consumen sus contenidos, sino que reciben influencias de todo el mundo hispanohablante a través del móvil. "El independentismo ha tejido redes clientelares, pero los chavales no ven la tele", resumen.
Un procés en ruinas y una conversión masiva
Incluso figuras históricas del independentismo como Joan Laporta han dado señales de acercamiento: el presidente del Barça viajó a ver a la selección española, un gesto impensable años atrás. La conversión de los "indepes moderados" se acelera al ver que el proyecto independentista es "una empresa en ruinas", según los análisis más críticos.
Sin embargo, el sentimiento independentista no ha desaparecido por completo: todavía hay más de dos millones de independentistas "duros", concentrados en la Cataluña rural y entre las generaciones mayores. Pero la tendencia es clara: la juventud catalana está votando con los pies y con las camisetas. El relevo generacional juega a favor de España.
¿Se sostendrá el cambio?
La pregunta que queda en el aire es si este apoyo a la selección se traducirá en un cambio político duradero, o si es solo un espejismo alimentado por el éxito deportivo. De momento, los partidos independentistas siguen teniendo representación parlamentaria, pero su base se reduce. Si España sigue ganando partidos, el procés podría tener los días contados.