Un pesimista diría que no se vende la misma cerveza porque ya no hay dinero ni para las mismas cañas. Un llamado pogre, diría que, por fin, la gente bebe menos, como ellos querían. Un optimista dirá que, por fin, se abaratará el orujo o los destilados más fuertes que la cerveza.
Nota: si lo pensáis, seáis fumadores o no, bebedores o no, gente que quiera tener vivienda o no, gente que quiera trabajar o no... en todos esos casos tienen los impuestos más elevados (impuestos: dinero o bien que dice gratuitamente, porque se le ocurre al que manda, que eso lo vas a pagar más caro).
Es curioso que sean tales impuestos salvajes y artificiales sobre el tabaco o el alcohol, que dicen que es para que dejemos de consumirlo (aunque el que tenga mucho dinero, o algo de dinero, lo seguirá consumiendo igual, solo suponiéndole subir el alquiler un poco más a su arrendatario o pagando un poco menos a su trabajador o el trabajador por cuenta propia trabajando un poco más...).
Lo que, se desprende, es que si suben impuestos al tabaco o al alcohol para que lo consuma menos gente, cuando hacen lo propio con los impuestos al trabajo, a la energía o a los alimentos es para que la gente tenga menos trabajo, formas de calentarse o de refrigerarse y de alimentarse.
Es de razonamiento de básica... trifásica, en el caso que sepas de energía y electricidad (por mucho que te cueste creer que haya gente tan mala, como sabes que existe en este mundo).