La bestia de la guerra: el espejo incómodo de la mili española
Ningún documental oficial ha retratado la mili española con la crudeza de una película de tanques soviéticos estrenada en 1988. La bestia de la guerra, rodada aquel año, sigue a una tripulación perdida en Afganistán y la crítica lleva décadas colocándola entre las cintas bélicas más realistas. Quienes pasaron por el cuartel la usan para explicar lo que ningún parte recogió.
El poder del tanque y su gran debilidad
El arranque sostiene que la fuerza intimidatoria de un carro de combate está en la psique, como la de los mamuts o los elefantes de Aníbal. Por eso se habla de «sacar los tanques a la calle» y no de desplegar artillería: el blindado es una amenaza psicológica antes que táctica. Pero el guion muestra el reverso: un tanque aislado, sin infantería que lo proteja, es una trampa metálica. Quienes estuvieron en blindados en Yugoslavia cuentan que esta película se proyectaba en las unidades para explicar justamente ese error, el de quedarse solos y sin apoyo.
La mili de los 80 y 90: de campo de concentración a correccional
«Los años 80 eran un campo de concentración; los 90, un correccional». La frase resume la memoria de muchos veteranos. La disciplina cotidiana la imponían cabos y sargentos, mientras los oficiales aparecían más como «polis buenos»; el dicho «Sargento, menéeme la tropa» no era un chiste. Hubo excepciones y abusos directos: un capitán zarandeó a un soldado con problemas psicológicos, un teniente recibió una paliza de recién licenciados en plena calle. En unidades duras, como el Tercio de Armada de 1995, los reemplazos pasaban en dos meses de civiles a soldados, con un método que rozaba la brutalidad.
Lo que queda para un conflicto real
La conclusión de quienes han pasado por el sistema es inquietante. Al recluta medio de la mili se le podía meter en un fregado de tres minutos; a un profesional actual de una unidad no operativa se le daban diez. Sumando activos y reservistas con entrenamiento reciente, se estimaron en 30.000-40.000 los hombres útiles para una guerra. Hay quien propone que una película así se proyecte en los colegios para quitar de la cabeza la épica barata. Si algún día esas cifras se ponen a prueba, la advertencia del filme se habrá quedado corta.