La becaria de Malinche canta tras negar el chantaje a Nacho Cano
Una becaria del musical
Malinche que denunció a Nacho Cano se plantó en la escalinata del juzgado y, en lugar de leer un comunicado, se puso a cantar. Lo hizo después de declararse «inocente» de haber cometido chantaje, según recoge la información publicada por
elDiario.es. El gesto, entre lo teatral y lo publicitario, ha reabierto una causa que parecía encaminada al archivo: la Inspección de Trabajo descartó que existiera una «relación laboral encubierta» entre los becarios y el proyecto, y la Justicia terminó archivando la investigación por la contratación de los jóvenes.
El caso arranca con una denuncia por presunto chantaje y explotación laboral en el musical de Nacho Cano. La denunciante sostuvo que se le ofreció dinero y una carta de recomendación para que no volviera a saberse de ella. La Inspección de Trabajo, sin embargo, no vio relación laboral encubierta. La jueza archivó. Y el exintegrante de Mecano anunció que quería querellarse contra la propia jueza. En medio, la denunciante volvió a cantar. No en un escenario, sino a las puertas de un juzgado.
Qué pasó con la denuncia por chantaje en Malinche
El relato de la denunciante, recogido en el material, apunta a una supuesta estrategia para ocultar que los jóvenes llegaban «con fines laborales o educativos todavía no autorizados». La Policía Nacional sostuvo esa tesis en su atestado, cuya nulidad pidieron los abogados de Nacho Cano. El informe de Inspección de Trabajo, en cambio, descartó la relación laboral encubierta. Dos versiones administrativas que no encajan.
La denunciante se declaró «inocente» del chantaje que se le imputaba. Y lo hizo, según la información disponible, cantando. El gesto ha sido leído por una parte del público como una provocación y por otra como una torpeza. Hay quien sostiene que la causa se ha convertido en un pulso mediático donde el derecho importa menos que la escenificación. En contra pesa el argumento de que la denunciante sigue expuesta y sin contrato.
El archivo de la causa y la reacción de Nacho Cano
La Justicia archivó la investigación a Nacho Cano por la contratación de becarios en su musical. La Inspección de Trabajo ya había dado la razón al productor por segunda vez, según las piezas publicadas. El archivo no es una absolución moral, pero cierra —de momento— la vía penal. Nacho Cano anunció desde México que iba a «meter una querella a la jueza espectacular». La respuesta del productor no fue menos teatral que la de la denunciante.
El pulso tiene dos perdedores claros: el erario público, que ha financiado dos inspecciones y un procedimiento judicial, y la propia denunciante, que ha visto cómo su nombre se convertía en un espectáculo. La causa se archiva, pero el ruido no cesa. La pregunta que sobrevuela es si alguien pagará los platos rotos. La respuesta, por ahora, es no.
Qué se juega la denunciante tras el archivo
La situación administrativa de la denunciante es irregular, según el material. Su permanencia en España quedaba justificada por el trámite judicial. Con el archivo, ese paraguas se debilita. Hay quien apunta que su futuro pasa por volver a su país o por buscar un contrato que nunca llegó. La carta de recomendación que supuestamente se le ofreció no consta como entregada.
El cálculo más optimista asume que la denunciante podrá rehacer su carrera musical fuera de España. El escenario pesimista parte de que su nombre está quemado en el sector. En medio, una certeza: el caso ha servido para que se hable de las condiciones de los becarios en la industria del espectáculo, aunque sea de refilón.
El coste reputacional para Nacho Cano y su musical
Nacho Cano ha visto cómo su musical se convertía en el centro de un debate que trasciende lo artístico. La Inspección de Trabajo le dio la razón, pero el desgaste ya está hecho. El productor ha pasado de promotor cultural a imputado mediático. Su reacción, anunciando querellas, sugiere que no piensa dejarlo pasar.
El archivo de la causa no borra las dudas sobre el modelo de contratación de becarios en espectáculos de gran formato. La Inspección de Trabajo descartó la relación laboral encubierta, pero el debate sobre si los becarios trabajan o aprenden sigue abierto. Nadie ha cuantificado cuántas horas ni cuánto dinero hay detrás de cada plaza.
La causa se archiva. La denunciante canta. Nacho Cano quiere querellarse contra la jueza. Y el único dato que no admite discusión es que el número de becarios contratados, las literas que ocupaban y las cartas de recomendación que se ofrecieron siguen sin explicación oficial. El resto es ruido.