El Sahel arde: múltiples ataques y un intento de golpe en Mali reconfiguran la región
El 25 de abril de 2026, Mali sufrió una oleada de ataques coordinados que apuntaron a cuatro ciudades principales, incluida la capital Bamako. El Ministerio de Defensa ruso informó de que 12.000 efectivos armados participaron en la ofensiva, que incluyó el asesinato del ministro de Defensa maliense mediante un coche artefacto explosivo. El Cuerpo Africano ruso, sucesor de Wagner, logró contener el ataque tras más de 24 horas de combates en Kidal. Según fuentes rusas, murieron más de 2.500 atacantes y se destruyeron 102 vehículos. El gobierno de Mali acusó a instructores ucranianos y europeos de entrenar a los asaltantes.
El golpe de Níger y la creación de la AES
Todo comenzó en julio de 2023 con el golpe de Estado en Níger, que derrocó al presidente Bazoum. La junta militar contó con el respaldo de Rusia y desató la amenaza de intervención de la CEDEAO. Francia, que obtiene de Níger el uranio para un tercio de su electricidad, vio peligrar su influencia. Poco después, Mali, Burkina Faso y Níger formaron la Alianza de Estados del Sahel (AES), una confederación que busca romper con el neocolonialismo francés. La AES ha adoptado una identidad visual propia y ha nacionalizado recursos clave, como la mina de oro de Kiaka en Burkina Faso, donde el Estado pasó a controlar el 40%.
Los separatistas tuareg y el frente de Kidal
En el norte de Mali, la Coalición de Movimientos del Azawad (CMA), de mayoría tuareg, intensificó sus ataques contra el ejército maliense y las fuerzas rusas. En agosto de 2025 capturaron la base de Bamba, en la región de Gao. El gobierno maliense respondió con bombardeos aéreos continuos sobre Kidal. Según fuentes oficiales, los grupos terroristas utilizan infraestructuras civiles como refugios, pero la nueva doctrina militar maliense permite atacar cualquier posición identificada.
El factor energético y minero
El uranio de Níger es estratégico para Francia: una de cada tres bombillas francesas se ilumina con uranio nigerino, mientras el 80% de la población de Níger carece de electricidad. La junta nigerina ha denunciado que París no pagaba por el mineral desde hace años, liquidándolo como intereses de la deuda colonial. Ahora exige el pago en oro físico. Mali, por su parte, se prepara para explotar una de las mayores minas de litio del mundo, con 2 millones de toneladas de espodumena en 8,5 años, en asociación con la china Hainan Mining.
La respuesta occidental y las contradicciones
Estados Unidos ha mantenido una posición ambigua. Mientras sus aviones sobrevolaron Níger sin ser interceptados, la visita de Victoria Nuland a Niamey levantó sospechas de que Washington conocía el golpe. En Gabón, un contragolpe proestadounidense desplazó a un gobierno prorruso. Por otro lado, Ghana se retiró de un acuerdo de ayuda sanitaria con Estados Unidos tras exigir acceso a datos personales. El Senado de Nigeria rechazó la intervención militar en Níger, lo que contrasta con la falta de debate en países europeos.
El Sahel se ha convertido en el tablero donde se juega el relevo del poder global. La salida de Francia, la entrada de Rusia y China, y el despertar soberanista africano están redefiniendo alianzas. Si la tendencia continúa, el cinturón de inestabilidad se extenderá desde el Atlántico hasta el Mar Rojo. Pero nada está escrito: las milicias yihadistas, los separatistas tuareg y las potencias externas mantienen viva la mecha. La pregunta no es si habrá más violencia, sino cuándo y con qué intensidad saltarán los siguientes pole.