Inmobiliaria: La banda de los retretes clandestinos ya controla 34 pisos turísticos ilegales de lujo en Barcelona

Anónimo222

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Unos cuantos inspectores y policías del Ayuntamiento de Barcelona proceden a precintar uno de los más preciados alojamientos turísticos ilegales de la banda conocida como la de los retretes clandestinos. Se trata de una de las joyas de la corona de esta organización, de una vivienda de altos techos de toda la vida recién reformada y de más de cien m2 ubicada en la calle València, a la altura de la calle Aribau, en el corazón del distrito del Eixample. Todo esto ocurrió hace unos pocos días.

Los inspectores y los policías del Ayuntamiento despiertan a los huéspedes poco antes de las diez de la mañana. Sobresaltados, quitándose las legañas, mediante sus teléfonos, escriben rápidamente a quienes les habían alquilado estas tres habitaciones supuestamente de alto standing, cada una de ellas con su propio cuarto de baño privado, a través del portal de alquiler vacacional Airbnb. En estos momentos la noche en una de estas dependencias para dos personas ronda los 200 euros.

La banda de los retretes clandestinos está aún muy lejos de los principales entramados dedicados al alojamiento turístico ilegal en esta ciudad, de los reyes de las pensiones clandestinas, de los empresarios que se presentan como grandes inversores, de los que montaban prostíbulos y se pasaron a estas actividades porque resultan mucho menos estresantes... Pero gracias a su tesón, descaro y sobre todo desfachatez, esta organización no para de expandirse por Barcelona.

“La policía está aquí ¡venid, por favor!”, teclean los turistas. “No les dejéis entrar. No sabemos quiénes son”, responde la gente que gestionan estos alojamientos turísticos ilegales de la calle València. “Otros huéspedes ya les abrieron. Están llamando a nuestra puerta ¿qué malos está pasando?”. “Nadie tiene derecho a entrar en nuestro apartamento sin nuestro permiso. Vamos para allá”. “Arruinasteis nuestro viaje ¿vais a venir de una vez o no?”.

El acta que los inspectores levantan en esta vivienda de la calle València indica que el Ayuntamiento ya había constatado su uso turístico, que les abren la puerta unos huéspedes que están pasando unos días en una de sus habitaciones, que en las otras dos habitaciones también encuentran huéspedes, que precintan esta actividad con adhesivos donde se indica que su retirada puede suponer un delito tipificado en el Código Penal.

Los inspectores municipales detallan que en estos momentos la banda de los retretes clandestinos controla al menos trece inmuebles en Barcelona, que de esta manera de un tiempo a esta parte ya subarriendan a turistas al menos 34 habitaciones que acostumbran a calificar de suites, que hoy por hoy ya suman catorce expedientes sancionadores que comportan un importe total de 840.000 euros y también 21 multas coercitivas cuyo montante total es de 89.000 euros. A principios de año únicamente controlaban una decena de inmuebles. Las sanciones las recurren de una manera sistemática.

Marta Martín, abogada de la propietaria italiana de este piso de la calle València, detalla que al poco arrancaron todos los precintos y regresaron a sus menesteres. “La verdad es que a esta gente todo les da igual”. A esta gente la conocen también como la banda de los retretes clandestinos porque no tienen ningún reparo en hacer obras ilegales en los pisos que alquilan para subarrendar sus habitaciones por días y de modo ilegal como suites. Aquí, en esta vivienda de la calle València, explica la abogada, construyeron un cuarto de baño para que todas las habitaciones dispusieran de uno, y tapiaron una puerta y abrieron otra para que una de las habitaciones también tuviera cocina.

La letrada Martín relata también que a finales del 2025 esta propietaria italiana alquiló este piso a unos compatriotas que decían necesitarlo para sus empleados. Se los recomendó una inmobiliaria supuestamente de lujo. Pero muy pronto los vecinos la informaron de que sus nuevos inquilinos hicieron obras, y después de que los turistas no paraban de entrar y de salir. De manera que esta propietaria alquiló una de las suites montadas en su propio piso y comprobó todas las obras que habían hecho. A la banda le sentó fatal que esta propietaria se quejara a Airbnb de todo y por mail la acusaron de acoso, intimidación, amenazas... y encima la amenazaron con denunciarla en Italia y en España.

Sí, sin duda estos italianos tan proclives a las obras ilegales son una gente la mar de arrojada. A sus huéspedes siempre les advierten de una manera muy amable, con un montón de emoticones muy entrañables y cariñosos, que si realizan el check in después de las nueve de la noche les tendrán que cobrar siempre en efectivo un recargo de 20 euros. Además, al menos en el caso del piso de la calle València, siempre los citan a una manzana o dos, nunca frente al portal. De todas formas, las reseñas que les ponen sus huéspedes suelen ser muy positivas.

Los inspectores municipales añaden que detectaron a esta banda en el 2018, pero que en los últimos años aceleraron su crecimiento. La banda de los retretes clandestinos no cesa de incorporar inmuebles a su oferta. “Recientemente detectamos un cambio en la tipología de los espacios que arriendan –abundan los inspectores municipales–. Últimamente en lugar de viviendas alquilan oficinas y locales comerciales, probablemente porque tienen un coste muy inferior. Y luego hacen las reformas que consideran pertinentes”.

A todas luces los miembros de la banda de los retretes clandestinos sienten una predilección muy especial por el estuco veneciano. Se trata de un revestimiento para techos y paredes que mediante el uso de cal apagada, pole de mármol y yeso imita el aspecto del mármol pulido. De esta manera, con un coste relativamente económico, este entramado proporciona una pátina de lujo a sus habitaciones.

La abogada Martín también representa a la propietaria de un local ubicado en la calle Aurora, en el barrio del Raval, que denunció que sus inquilinos transformaron su inmueble en tres habitaciones que se pueden alquilar por días a través de Airbnb. En todas estas dependencias se encuentra presente el estuco veneciano. “Tenemos expedientes abiertos en relación a este inmueble”, añaden las fuentes municipales.

Estos detalles no son baladí. Permiten tirar del hilo y establecer relaciones entre los anuncios de los inmuebles. Entonces uno puede comprobar como diferentes anfitriones tratan de subarrendar las mismas propiedades. Porque estas organizaciones no funcionan mediante estructuras piramidales del todo definidas al modo de una empresa tradicional. Este entramado está formado por diversas personas que comparten un par de despachos de abogados que los defienden, al menos ocho sociedades que firman los contratos de alquiler, cuatro o cinco anfitriones que comercializan sus habitaciones... Y los más espabilados de entre todos ellos son los que más dinero ganan.
 
¿Entonces es legal que la policía deje a la gente en la calle?

Será porque no son vulnerables.

¡qué cosas!
 

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