El 'nomercado' inmobiliario español: cuando no vender es el negocio
En 2009, en plena crisis de la burbuja, alguien acuñó una palabra que describía la esencia del desastre: nomercado. No era el antimercado de Braudel ni una distorsión clásica. Era un mecanismo para crear riqueza basado en la no-intercambio de bienes. Los noprecios mantenían estable la cosmética de las carteras, mientras los nocompradores miraban desde la barrera. Al principio parecía una ocurrencia más de la sátira económica. Luego se hizo viral.
¿Qué es exactamente un nomercado?
Se define por la presencia de novendedores que fijan noprecios a los que los bienes no se intercambian. Los nocompradores acechan, pero rara vez cierran. El objetivo no es vender, sino mantener la ilusión de valor. El mecanismo exige una masa crítica de compradores potenciales que nunca llegan a comprar, y una estructura bancaria que financia la espera. En España, el mercado de la vivienda se convirtió en el paradigma: pisos vacíos a precios de burbuja, bancos que no reconocían pérdidas y una sociedad atrapada entre la necesidad y la especulación.
La respuesta del Gobierno fue crear la Sareb, el banco malo, para drenar activos tóxicos sin liquidarlos a precio de mercado. La Sareb, en lugar de vender a pérdida, optó por noprecios. Con el tiempo, incluso el ministro de Economía, Luis de Guindos, afirmó que Catalunya Banc no se podía 'malvender', dando cobertura oficial a la lógica del nomercado. La consecuencia fue un estancamiento de años: precios que no bajaban lo suficiente para limpiar el stock, y familias que no podían acceder a una vivienda.
Un concepto que traspasa fronteras
La teoría del nomercado no se quedó en España. El economista Edward Hugh, especializado en demografía y burbujas, la mencionó en su blog, lamentando que solo estuviera en castellano. Un usuario la tradujo al inglés, y el término empezó a circular en círculos heterodoxos. Incluso se aplicó al mercado de deuda pública americana, donde las expectativas de intervención creaban un noprecio artificial.
En la práctica, la idea demostró ser más longeva que la propia crisis de 2008. En 2016, Bankinter pronosticaba una subida del 5% en el precio de la vivienda mientras el stock de pisos sin vender seguía en cifras récord. El nomercado ya no era una broma; era la política implícita del sector inmobiliario.
El legado de una ocurrencia genial
A día de hoy, el concepto sigue vigente. Cada vez que un propietario dice 'antes que malvenderlo, lo quemo', o cuando un banco se niega a ajustar precios, el nomercado resucita. La sátira de 2009 se ha convertido en un análisis lúcido de la economía española: un sistema que prefiere no vender antes que aceptar la realidad. Y mientras la Sareb mantenga sus noprecios, el equilibrio persistirá. ¿Hasta cuándo?
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