La alcaldesa de la España vaciada y el rumor de infidelidad
La imagen es de novela rural: una alcaldesa de 37 años, cocinera de profesión y progenitora de un recién nacido, sale de un bar con un hombre que no es su pareja y se muestra cariñosa en plena plaza. En un pueblo de la España vaciada, esa estampa es suficiente para que el runrún se convierta en tormenta.
El caso tiene miga. En mayo de 2023, un médico jubilado ganó las elecciones locales para sustituir a un alcalde nonagenario que cesaba. A los cinco meses, renunció alegando motivos personales. El bastón de mando pasó a la cocinera, que entonces tenía 37 años, una hija recién estrenada y una pareja de hecho con el padre de la criatura. La calma duró poco: hace unos días, se la vio en actitud cariñosa con otro hombre en pleno casco urbano.
Algunos desempolvan la vieja máxima de que en los pueblos se vota a la persona, no al partido. Y si la votaron, dicen, es porque la conocen de cerca. Otros apuntan a un doble rasero: el escándalo solo interesa porque el gobierno municipal es del PP; si fuera del PSOE, sería simple chafardeo de vecinas. Sea como fuere, el episodio refleja la tensión entre la vida privada y el cargo en los municipios pequeños, donde el control social es asfixiante.
El dato que descoloca es generacional: en un pueblo envejecido donde las abuelas son mayoría, la alcaldesa es una anomalía de 37 años. Y su comportamiento, en cualquier otro municipio urbano, habría pasado desapercibido. Aquí, el visillo es un órgano de control.