La AIReF estima que la subida del SMI frenó la creación de 900.000 empleos en 2024
La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) ha publicado un informe que cifra en 900.000 los puestos de trabajo que no se crearon el año pasado a causa del incremento del salario mínimo interprofesional (SMI). La cifra, recogida por El Economista, ha reabierto el debate sobre los efectos de esta política en un mercado laboral que, según los defensores del SMI, necesitaba un ajuste por inflación.
El SMI acumula subidas significativas desde 2018, y con una inflación oficial del 24% entre 2019 y 2025, mantenerlo congelado habría sido «incivil», argumentan unos. Otros señalan que el problema no es el SMI en sí, sino que su rigidez impide ajustes a la baja cuando la productividad no acompaña. «El SMI destruye empleo desde hace tiempo», resumen los críticos, que apuntan a que el salario modal (el más frecuente) ha caído casi un 30% desde 2018 y el desempleo juvenil «está por las nubes».
¿900.000 empleos «indignos» o puestos viables?
La interpretación del dato de la AIReF divide aguas. Para unos, esos 900.000 empleos no creados eran, en realidad, puestos precarios y mal pagados que desaparecieron porque el SMI los hizo inviables. «No se crearon 900.000 empleos indignos», resumen. Para otros, la cifra evidencia que el SMI, al encarecer el trabajo de baja productividad, expulsa del mercado a quienes menos pueden exigir. «El desempleo de menores está por las nubes», recuerdan.
Un argumento recurrente es la comparación con el Ingreso Mínimo Vital (IMV). Se señala que una familia con dos descendientes puede recibir hasta 1.600 euros de IMV, superando el SMI. Esto lleva a preguntarse si los empresarios están diciendo que el trabajo vale menos que la renta vital, o si el sistema de subsidios desincentiva la contratación formal.
El debate de fondo: productividad frente a salario mínimo
El meollo del asunto está en la productividad. Quienes defienden la eliminación del SMI argumentan que el salario debe fijarse según el valor del trabajo, no por decreto. Citan los años 90 como ejemplo de que con un SMI más bajo se cobraba más en términos reales (porque había más empleo y poder de negociación). En cambio, los partidarios del SMI insisten en que sin un suelo salarial, la precariedad se dispara y los trabajadores pierden poder adquisitivo.
La AIReF, con sus 900.000 empleos no creados, ofrece un dato contundente. Pero el debate no se zanja: ¿son empleos que no merecían existir o oportunidades perdidas para quienes peor lo tienen? La respuesta, como casi siempre, dependerá de qué lado de la balanza se ponga el peso de la productividad.
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