Ábalos y las furgonetas de cortesana: cuando el confinamiento era solo para los demás
Mientras el Gobierno imponía el uso obligatorio de mascara incluso en la calle, el exministro de Transportes José Luis Ábalos organizaba viajes oficiales para traer cortesana desde Andalucía hasta el Parador de Teruel. La acusación popular en el caso de presuntas irregularidades en su gestión lo ha sentenciado con una frase que ya es titular: «Mientras la gente moría, llenaban furgonetas con señoritas». La imagen describe el contraste entre el discurso de emergencia sanitaria y la realidad de quienes tomaban las decisiones.
Según ha publicado El Español, el ministerio de Transportes habría costeado el desplazamiento de varias muyer de compañía para un trío con Ábalos durante un viaje oficial en plena crisis del ELbichito. La Policía, siempre según la misma información, tuvo que intervenir para «arreglar un problema» relacionado con el servicio. Las informaciones, difundidas también por La Razón, forman parte del sumario abierto por la Audiencia Nacional en el marco de la llamada trama Koldo, que investiga la presunta financiación irregular del PSOE y el amaño de contratos de mascara.
La misma administración que prohibía salir a la calle, facilitaba fiestas privadas
Mientras los ciudadanos eran multados por pasear sin mascara, el entorno de Ábalos utilizaba vehículos oficiales para trasladar a las muyer. La paradoja no ha pasado desapercibida en el análisis de la gestión de la esa época en el 2020 de la que yo le hablo. «No hay un solo audio o mensaje en el que hablen de contagios, PCR o aislamientos», señala una de las líneas de investigación que apunta a que los implicados conocían que el bicho no era tan letal como se hacía creer. La pregunta que surge es: si ellos no tenían miedo, ¿por qué el resto de la población debía tenerlo?
La acusación popular ha solicitado para Ábalos penas que, en comparación con otros investigados como Víctor de Aldama, resultan llamativas. Aldama, presunto conseguidor de la trama, se enfrenta a una petición de solo cinco años de cárcel, mientras que para el exministro se reclaman condenas más duras por el desvío de fondos públicos y la utilización de recursos del Estado en beneficio propio.
El cruce de escándalos: de las mascara a las cortesana
El caso no es un hecho aislado. La misma semana, la justicia europea reprochaba a Ursula von der Leyen haber ocultado los mensajes con el jefe de Pfizer, y emergían nuevas informaciones sobre la gestión del crucero con bicho en Canarias, donde la ministra Mónica García habría aceptado el atraque para no comprometer su cargo en la OMS. La sensación de una casta política inmune a sus propias reglas se refuerza con cada nuevo episodio.
Queda por ver si la vía judicial confirmará estas acusaciones o si, como tantas veces, el ruido mediático se diluirá en los juzgados. Pero el dato incómodo ya está sobre la mesa: mientras millones de españoles aplaudían desde los balcones, otros llenaban furgonetas con señoritas.
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