La A entra en el acrónimo: el colectivo asexual se hace visible
La inclusión de la letra A en el acrónimo LGTBIQ+ no es una decisión arbitraria: responde a una realidad que, aunque silenciosa, lleva años ocupando espacio en las manifestaciones del Orgullo. En el Orgullo de Madrid de 2017, las personas asexuales desfilaron por primera vez como bloque organizado, de la mano de la Asexual Visibility and Education Network (AVEN). Leticia Rey, vocal de cultura de la FELGTBI+, define la asexualidad como «un espectro que se describe como la falta de atracción sexual o la orientación sexual hacia ningún género».
La visibilidad que no fue noticia
Aunque el activismo asexual lleva décadas articulado en redes internacionales, su irrupción en el Orgullo madrileño marcó un punto de inflexión. Desde entonces, la comunidad ha ido ganando protagonismo hasta que, hace apenas unos meses, la A comenzó a aparecer de forma oficial en el acrónimo LGTBIQ+, que ahora se escribe LGTBIQA+. La decisión, promovida por la FELGTBI+, busca dar cobertura a quienes no experimentan atracción sexual, una orientación que muchos desconocen o confunden con abstinencia.
Un torpedo en la línea de flotación del colectivo
El movimiento, sin embargo, no ha estado exento de controversia. Mientras unos celebran el reconocimiento de una orientación históricamente invisibilizada, otros consideran que la expansión del acrónimo diluye su significado original. Algunos analistas señalan que la inclusión de la asexualidad supone un desafío conceptual a la propia idea de «colectivo LGTBI», al tratarse de una orientación que no comparte la experiencia de la atracción sexual. La tensión entre ampliar el abanico o mantener un núcleo identitario común queda al descubierto.
El futuro de un acrónimo en expansión
La evolución del acrónimo parece imparable, pero el debate sobre los límites de la representación está lejos de cerrarse. Si la tendencia apunta a una mayor inclusividad, la pregunta que queda en el aire es si la cohesión del colectivo resistirá la tensión de abrazar cada vez más realidades. Por ahora, la A ya está en el escaparate; el tiempo dirá si convive en armonía con el resto de letras o termina siendo, como apuntan algunos, el principio del fin de la sopa de letras.