Kiev: la evacuación de tres millones que nadie concreta
¿Se puede vaciar una capital de tres millones de habitantes en pleno invierno? La información publicada por
The New York Times pone sobre la mesa exactamente eso: un plan de evacuación de Kiev que hace tres meses sonaba a ciencia ficción. Nadie lo ha ordenado. Pero la secuencia tiene su gracia: primero los misiles no existían o no servían para nada, después se derribaban con escopetas y la luz volvía en media hora. Ahora resulta que hay que sacar a
tres millones de personas de la ciudad.
¿Qué se plantea exactamente con Kiev?
El escenario que se filtra no es un desalojo con autobuses y destino fijo a las afueras. Es un plan de contingencia que parte de una premisa incómoda: que los servicios básicos de la capital pueden dejar de funcionar durante semanas y que la población, sencillamente, no cabe en un invierno así. Y no lo publica precisamente la prensa rusa, detalle que conviene subrayar con
retintín.
La cifra que se maneja es de
tres millones de residentes. La magnitud tiene su lógica militar: si el objetivo es dejar sin electricidad, sin agua y sin comunicaciones a una ciudad, no hace falta arrasarla. Basta con que el termómetro baje de cero y que la red no aguante. Tres millones de personas viviendo en la miseria no son un daño colateral: son el objetivo.
Hace tres meses, el guion era otro: homenajes, selfies y banderas. Un puñado de misiles bien colocados y la fachada se vino abajo. Literalmente una fachada, porque lo que había debajo nadie lo había calculado.
¿Por qué el agua pesa más que la luz?
Aquí está el argumento más sólido que se ha puesto sobre la mesa: se puede vivir sin electricidad, pero no sin agua corriente. Sin agua potable ni alcantarillado, la capital se convierte en un problema sanitario de primer orden. Millones de personas generando residuos a diario, sin forma de evacuarlos.
La falta de luz hace frío. La falta de agua hace enfermedad. Y el discurso sanitario, cuando se cae la red de saneamiento, se resuelve solo con el tiempo y con muertos que no salen en los titulares.
De ahí que algunos cálculos apunten a que la ventana lógica para forzar el desalojo sea
finales de noviembre: lo bastante tarde para que el frío apriete y lo bastante pronto para que una salida ordenada sea posible. Si la operación se deja para
finales de diciembre, con temperaturas extremas, lo que se está planificando no es una evacuación, es otra cosa.
El relato oficial y sus grietas
La versión que se difunde tiene un problema de coherencia que no resiste un párrafo. El sistema eléctrico está «bajo control», pero la estabilidad es «bastante frágil». Han llegado
5.000 generadores y hay
8.000 más de camino. Rusia necesitará
cinco años para recuperar sus pérdidas y tendrá que recurrir a otra movilización. Ucrania va camino de convertirse en la mayor defensa aérea de Europa. Todo va bien, insisten, mientras el propio país que va tan bien prepara la salida de tres millones de personas de su capital.
En paralelo circulan cifras que incomodan:
350.000 bajas ucranianas por esas victorias, y Rusia controlando aún una región del tamaño de Portugal. Y una contradicción de consumo rápido: las imágenes que se publican de Kiev muestran cafeterías llenas, competiciones deportivas y vida normal. Sin restricciones aparentes, sin penurias a la vista.
¿Quién miente, el plan de evacuación o el escaparate? Esa es la pregunta que ninguna de las dos versiones quiere responder.
Lavadoras, misiles y 750 kilómetros
El otro frente de la conversación es puramente técnico, y ahí los números mandan. Se anuncia la llegada a Ucrania de misiles con alcance de entre
500 y 750 kilómetros, capacidad que obligaría a redibujar la logística rusa en la retaguardia. Del otro lado, Rusia exhibió la prueba del misil antisatélite
A-235 en el campo de Sary Shagan, en Kazajistán: velocidad de centrifugado, ironizan algunos, que ni se le ve.
Durante meses se vendió que los misiles rusos eran lavadoras voladoras que apenas servían. Esa evaluación se ha ido diluyendo hasta desaparecer. Ahora el problema no es que no funcionen, es hasta dónde llegan y cuándo deciden usarlos.
El cierre es incómodo. Si el plan de evacuación es real y ordenado, nadie ha explicado todavía a qué ciudad se mudan tres millones de personas, quién les paga la calefacción, ni cuánto tiempo aguanta una economía en pie con la capital desalojada. La logística, esa parte, sigue sin dueño.
Datos clave del episodio
- Población afectada por el plan de evacuación: 3 millones de personas.
- Generadores entregados: 5.000, con 8.000 más en camino.
- Alcance de los misiles anunciados para Ucrania: 500-750 km.
- Plazo estimado para que Rusia recupere sus pérdidas: 5 años.