Junts tantea una moción de censura con un candidato que no sea Feijóo
La noticia llega en forma de tuit y con un matiz que lo cambia todo: según ese tuit, Junts y su cúpula debaten una moción de censura instrumental «con un candidato que no sea Feijóo». No es un intento de investir al líder del PP. Es, sobre el papel, un mecanismo para echar a Pedro Sánchez y colocar a un nombre neutral que convoque elecciones en el plazo más breve posible. La reacción inmediata en el debate fue de escepticismo: la mayoría lo lee como un órdago para arrancar concesiones, no como una operación real.
Qué pide Junts y por qué se mueve ahora
El punto de partida es una paradoja. Junts es un partido de derecha que sostiene a un gobierno de izquierda y lo hace, según el análisis dominante, a cambio de casi nada. La amnistía, y de forma parcial, es lo único que se ha materializado de la lista de exigencias. Ni el catalán en Europa, ni el referéndum, ni el resto del catálogo. Ese desequilibrio es insostenible ante su propio electorado.
A eso se suma la presión por el flanco.
Aliança Catalana le está comiendo terreno y su última arremetida es sostener que Puigdemont está facilitando el gobierno del «estado opresor». Con la intención de voto por los suelos, el partido necesita enseñar músculo o desaparecer antes de las próximas elecciones.
Hay una tercera pata que explica la urgencia: la situación judicial del propio Puigdemont. Bloqueado políticamente por sus circunstancias, lo que estaría negociando en realidad es su futuro inmediato. O eso, o quedarse en Bruselas «muerto de asco» para los restos.
El cálculo de los números y el papel de Vox
La aritmética parlamentaria convierte cualquier moción en un ejercicio de funambulismo. Para que salga adelante hace falta una mayoría que hoy no existe sin sumar piezas incompatibles. El dilema que se plantea a Vox es de manual: elegir entre mantener a Sánchez o votar a un candidato instrumental de Junts a cambio de nada, siempre que el precio sea la convocatoria inmediata de elecciones.
El PP tiene su propia trampa. Buena parte del análisis sostiene que a Feijóo le conviene más la parálisis que el riesgo. Con negociar con Puigdemont que los jueces dejen volver al expresident cuando controle la justicia, o con Vox que no le haga campaña en contra, el líder popular prefiere dos años más de Sánchez antes que apartarse él. Es la tesis del inmovilismo por cálculo, no por convicción.
El farol y la alternativa del bloqueo
La lectura más repetida es que esto es teatro. Un órdago para tensar la cuerda y arrancar concesiones. «Ni hartos de butifarra se mete Junts en una moción de censura», resume una de las intervenciones más citadas. La propia formación ha desmentido después que haya moción alguna, según las informaciones publicadas.
Frente a eso, hay quien defiende el bloqueo como escenario óptimo: un par de años en los que el gobierno no pueda aprobar leyes, es decir, no pueda subir impuestos ni imponer nuevas regulaciones. El contraargumento es que Sánchez ya gobernó al principio de su primera etapa con decretos ley y sin mayoría, y que un bloqueo no lo incapacita para seguir legislando por la puerta de atrás. Los decretos hay que convalidarlos en 30 días o decaen, matizan los más técnicos.
La subvención que no sale en el acuerdo
El detalle más incómodo del asunto no está en el pacto firmado, sino en el Boletín Oficial del Estado. Según un forero, semana sí y semana también aparecen subvenciones millonarias directas a proyectos e instituciones de Cataluña, sin concurrencia competitiva, que en teoría no forman parte de ningún acuerdo. Es el tipo de trato de favor que, según esa intervención, nunca se documenta y siempre se intuye.
La pregunta que queda abierta
Con estos mimbres, la duda no es si Junts quiere tumbar a Sánchez, sino si puede permitirse no intentarlo. La disyuntiva real es entre disolución de las Cortes y moción de censura. Y sobrevuela una cuestión más incómoda: ¿qué pasa cuando el partido que sostiene al gobierno descubre que sostenerlo le cuesta más que tumbarlo?