23 años y cero experiencia: la jueza más joven de España desata la polémica
La noticia saltó el 1 de enero de 2026: una mujer de 23 años se convertía en la jueza más joven de España, tras aprobar las oposiciones y pasar dos años en la Escuela Judicial. El perfil, publicado por El Mundo, detalla su rutina: estudiaba de 7:30 a 11:30, y luego se iba a montar a caballo. Inmediatamente, el debate sobre la idoneidad de una persona sin experiencia vital para impartir justicia estalló con fuerza.
¿Mérito o privilegio?
La oposición a juez consta de tres pruebas: un test eliminatorio, y dos pruebas orales donde se extraen 5 bolitas de un bombo con 125 temas cada una y hay que recitarlos de memoria. Un sistema que, según muchas voces, prima la capacidad de memorización sobre el razonamiento crítico. El hecho de que su preparador fuera el magistrado Luis Miguel Columna ha levantado sospechas de trato de favor. Se recuerda el caso de Mariano Rajoy, registrador más joven de España, que era hijo, sobrino y nieto de registradores. La coincidencia de apellidos y contactos no es nueva, pero en un puesto con poder de enviar a alguien a prisión, la exigencia de imparcialidad debería ser máxima.
Edad versus sabiduría
Quienes la defienden argumentan que los dos años de formación en la Escuela Judicial y el hecho de empezar en juzgados de poca importancia garantizan un aprendizaje progresivo. Sin embargo, la mayoría de los análisis apuntan a que con 23 años el 99% de las decisiones están influidas por sentimientos, ideologías e inmadurez. "Cuando tienes un problema, ¿a quién preguntas, a tu padre de 70 o a tu amigo de 16?", resumía un comentario. La justicia no es una oposición de memorización, sino de juicio vital.
El sesgo de género en las oposiciones
Otro filón del debate ha sido la supuesta ventaja femenina en oposiciones basadas en memorización. Se argumenta que las mujeres, por educación o biología, tienen mayor capacidad para empollar sin interés real, mientras que los hombres inteligentes sufren al tener que repetir como loros. El sistema, diseñado para obedecer y memorizar, favorecería a las mujeres en la carrera judicial, lo que explicaría la creciente feminización de la judicatura. Pero eso no resuelve el problema de fondo: la falta de experiencia vital.
La pregunta que queda en el aire es si la justicia española necesita más personas con callo en los juzgados o más máquinas de aprobar exámenes. La jueza de 23 años ha demostrado saber estudiar, pero aún tiene que demostrar que sabe juzgar.
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