Juan y Medio celebra que Hacienda le quite la mitad del sueldo: la paradoja del presentador subvencionado
Juan y Medio ha declarado estar "contento" de que Hacienda le descuente aproximadamente la mitad de su salario. Una afirmación que, en apariencia, suena a compromiso cívico. Pero el contexto lo cambia todo: el presentador de Canal Sur no solo cobra de la televisión pública andaluza, sino que su empresa de producción se ha embolsado un tercio de todo el gasto en producción externa de la cadena durante seis años. Dicho de otro modo: el mismo que alaba la presión fiscal es, en buena medida, un gasto subvencionado por el contribuyente.
El negocio redondo de la televisión pública
Según una investigación de El Mundo de 2019, la productora vinculada a Juan y Medio facturó a Canal Sur un tercio del presupuesto total de producción externa entre 2013 y 2018. Una cantidad millonaria que, al provenir de fondos públicos, convierte cualquier declaración sobre impuestos en un ejercicio de cinismo difícil de ignorar. El presentador, que empezó su carrera en la radio privada, ha construido su fortuna gracias a un programa que se emite con dinero de todos los andaluces.
Del «caníbal» al agradecido fiscal
La contradicción no es nueva. Hace apenas unos meses, el mismo Juan y Medio calificó a Hacienda como una «tribu de caníbales que nunca tienen suficiente». Ahora dice sentirse feliz de aportar la mitad de su nómina. El cambio de discurso, sin embargo, no es gratuito: cuando se manejan cifras anuales que rondan los cinco millones de euros (según estimaciones del entorno televisivo), la mitad sigue siendo un sueldo que pocos mortales alcanzan. El resto de los trabajadores, mientras tanto, ven cómo su poder adquisitivo se reduce y deben conformarse con servicios públicos que, como los hospitales que Juan y Medio presume de financiar, a menudo están infradotados.
La doble sarracena del entretenimiento subvencionado
La reacción en el sector no se ha hecho esperar. Quienes defienden la financiación pública de la cultura argumentan que es legítimo que un profesional cobre por su trabajo, incluso si es en la televisión pública. Pero el rechazo es mayoritario: el espectador medio no ve con buenos ojos que un presentador que vive del erario público se permita el lujo de pontificar sobre la responsabilidad fiscal. El malestar crece cuando se recuerda que la mayoría de los asalariados no pueden optar a las mismas estructuras de asesoramiento fiscal ni a las ventajas de facturar a través de sociedades.
Al final, la declaración de Juan y Medio no es más que un ejercicio de postureo: es fácil estar contento con los impuestos cuando tu cuenta corriente lo aguanta todo. Y cuando, además, una parte importante de lo que pagas vuelve a tu bolsillo a través de la televisión que tú mismo produces.
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