JP Morgan atribuye el tirón económico de España a la integración de latinoamericanos
Que España es hoy el motor de crecimiento de la eurozona ya no lo discute casi nadie en los despachos. Lo que ha encendido la mecha es la explicación que JP Morgan ha puesto sobre la mesa: la facilidad con la que se integran los ciudadanos latinoamericanos. El banco de inversión sostiene que España está logrando con esto algo que no sucede en Alemania ni en Francia, y la afirmación ha caído como una bomba en un país que lleva años discutiendo sobre inmigración sin ponerse de acuerdo ni en los datos.
El titular, publicado por
elEconomista, resume el argumento: mano de obra que comparte idioma, religión y buena parte de la cultura, lo que abarata el coste de integración y engrasa sectores intensivos en trabajo. La reacción no se ha hecho esperar. Y no ha sido precisamente unánime.
El PIB crece, el PIB per cápita no tanto
El dato que más se repite para sostener la tesis oficial es el crecimiento del PIB: un 3,2% en 2024 tras repetir un 0,8% en el cuarto trimestre. La demanda nacional aportó 2,8 puntos, mientras que la externa sumó apenas 0,4. Son cifras que, sobre el papel, justifican el entusiasmo de los analistas.
La objeción llega por la puerta de atrás. Hay quien sostiene que el PIB per cápita no crece al mismo ritmo, y que en paridad de poder adquisitivo España arrastra el mismo poder de compra que en 2008. Traducido: el país produce más, pero no necesariamente más rico por cabeza. Es el argumento clásico de la
panchitización económica, que en el fondo describe un modelo de crecimiento basado en añadir trabajadores, no en elevar la productividad.
El cálculo completo, desglosado partida a partida, da una diferencia que sorprende a quien solo mira el titular del PIB. Y ahí empieza el problema.
¿Por qué la integración latinoamericana es más fácil que la africana?
El argumento más repetido a favor de la tesis de JP Morgan es cultural: idioma compartido, religión mayoritaria y costumbres análogas. En cualquier movimiento migratorio, se argumenta, llega una mayoría de trabajadores y una minoría de delincuentes; el problema no es el origen, sino el control de antecedentes y la existencia de cauces legales. La crítica se dirige a la manga ancha de entrar con billete de turista y quedarse.
Frente a eso, la comparación con la inmigración africana se hace sin ambages en algunos análisis: se sostiene que la integración es casi imposible y que la cualificación media es baja, limitada al campo y poco más. Es un argumento que mezcla datos, prejuicios y política, y que conviene manejar con pinzas.
Lo que sí es cierto es que el término
latino es un invento francés, como recuerda algún comentario, y que Hispanoamérica incluye desde descendientes de italianos hasta de alemanes. La etiqueta es más cómoda que precisa.
El negocio del alquiler y la queja del español de a pie
La parte más amarga del asunto no es macroeconómica, sino doméstica. Una parte del análisis sostiene que la llegada masiva de población presiona al alza los alquileres, satura la sanidad y la educación, y compite por ayudas públicas. Es la tesis del
pastel que no crece pero se reparte entre más gente.
Enfrente, el argumento de que las bandas latinas no son consecuencia de la nacionalidad, sino de padres que trabajan doce horas fuera de casa. Y el de que muchos de los que llegan tienen oficios y cualificación, mientras que la inmigración africana se concentra en el campo. La discusión, como casi siempre, se atasca en el mismo punto: nadie discute que el fenómeno existe, pero nadie se pone de acuerdo en si el balance neto es positivo.
El PIB como maquiladora sin fábricas
La lectura más incómoda es la que describe España como una maquiladora de Europa, pero sin fábricas, sin petróleo y sin recursos. El crecimiento se apoyaría en trabajo barato, hostelería y servicios de bajo valor añadido. Los camareros a 1.200 euros por 46 horas semanales y los transportistas subcontratados como autónomos son el ejemplo que se repite.
Es una descripción dura, pero conecta con una realidad que los datos de empleo no desmienten: la creación de puestos de trabajo se concentra en sectores de baja productividad. El milagro económico, visto así, es menos milagro y más espejismo estadístico.
Qué puede pasar ahora
Con estos mimbres, la predicción es arriesgada. Si el crecimiento sigue dependiendo de añadir trabajadores en lugar de elevar la productividad, el PIB per cápita seguirá estancado y la presión sobre vivienda, sanidad y educación no hará más que crecer. Si, por el contrario, la integración latinoamericana se traduce en una segunda generación mejor cualificada, España podría estar sentando las bases de algo más sólido.
Nadie lo sabe. Lo único claro es que JP Morgan ha puesto el dedo en una llaga que el país lleva años evitando mirar de frente.