Aznar: el legado que sigue partiendo España
La paradoja de José María Aznar es que concita críticas tanto desde la izquierda como desde parte de la derecha. Su gestión (1996-2004) es revisada con saña por quienes lo acusan de haber abierto las puertas a la inmigración masiva, privatizado las cajas de ahorros y firmado una entrada en el euro sin condiciones ventajosas para España. Pero también hay quienes lo defienden: eliminó el servicio militar obligatorio, pactó con nacionalistas y, según algunos, “no lo supimos valorar”. El expresidente ha vuelto a la actualidad con un mensaje contundente contra el actual gobierno de Pedro Sánchez: “Hay que espabilar y echar a PS a la puta calle”.
Las políticas que marcaron una era
Durante sus ocho años de gobierno, Aznar impulsó medidas que aún hoy generan debate. Abolió el servicio militar, un hito para los jóvenes de entonces. Pactó con partidos nacionalistas catalanes y vascos para gobernar, una estrategia que algunos ven como pragmatismo y otros como cesión. Pero el punto más conflictivo fue la inmigración: su gestión incrementó notablemente la llegada de extranjeros, algo que, según sus críticos, “jodió la vida a los trabajadores españoles”. Además, privatizó las cajas de ahorros, que posteriormente fueron adquiridas por grandes bancos, y apoyó la entrada de España en el euro sin exigir condiciones que protegieran la economía nacional.
Las sombras del mandato
No faltan los episodios oscuros que sus detractores recuerdan: el accidente del Yak-42, el desastre del Prestige, la participación en la guerra de Irak basada en supuestas armas de destrucción masiva que nunca aparecieron. Para muchos, Aznar representa el modelo neoliberal que privilegió a las élites empresariales. Sin embargo, también hay quien sostiene que la izquierda critica en público lo que aprueba en privado, y que el balance global de su gobierno fue positivo.
El regreso incómodo
Con su reciente intervención pública, Aznar vuelve a agitar el avispero. ¿Es realmente quien para pedir la cabeza de Sánchez? La discusión sigue abierta, y las posturas, irreconciliables. Lo que queda claro es que el legado de Aznar no esconde grises: o se le considera el modernizador que España necesitaba o el responsable de sus males actuales. ¿Podrá algún día cerrarse ese debate?