La erudición no se mide en datos: la paradoja del juego cultural
¿Qué es ser erudito? ¿Acumular datos o saber aplicarlos? La discusión que ha generado un debate sobre el 'juego cultural' plantea una paradoja: quien presume de ganar en trivia cultural puede estar perdiendo en erudición real. La fórmula propuesta es simple: E = Σ(C × A) / T, donde C es el conocimiento acumulado, A su aplicabilidad a la vida real y T el tiempo necesario para exhibirlo. Si A tiende a cero, la erudición también. Y ahí es donde el juego cultural se convierte en un refugio: el que memoriza autores para ganar un concurso imaginario no está demostrando cultura, sino buena memoria y tiempo libre.
El dato no es cultura
Saber quién escribió La noche de la iguana no te hace erudito; te hace alguien con buena memoria. Entender por qué es una obra menor dentro del repertorio de Tennessee Williams, eso ya es otro nivel. Y aplicarlo a la vida real, ni te cuento. La cultura viva es la que te lleva a entender contextos, no a acumular fichas. La comparación entre Dead Can Dance y Brahms es un ejemplo: el grupo de culto es cultura de hemeroteca, mientras que las sinfonías de Brahms son un punto de inflexión en la historia de la música. El que escucha a Brahms y entiende por qué importa tiene cultura viva; el que sabe quién es Dead Can Dance tiene un dato.
La conexión imposible
El intento de conectar al cineasta Haneke con el jazz polaco en tres grados de separación acaba en una madeja de referencias: Lee Konitz, Krzysztof Komeda, Tomas Stańko, el disco Astigmatic de 1966. Pero la cadena se rompe cuando se descubre que Konitz no toca en ese álbum, que la trompeta es de Stańko. La erudición no es un juego de conexiones, es saber cuándo una conexión es real y cuándo es un invento. El que deriva setenta discos de una banda sonora puede tener un territorio, pero si no ha escuchado ninguno de verdad, solo tiene un catálogo.
El ping pong que nadie juega
Mientras tanto, el que presume de 135 discos derivados de una banda sonora sigue esperando que alguien se presente a la partida. Nadie lo hace. Quizá porque el juego ya estaba decidido: la erudición no se mide en puntos, se mide en lo que haces con ellos. Y si la audiencia que aplaude es cero, la paradoja se resuelve sola: cuanto más proclamas tu verdad, más te acercas al vacío absoluto. Como los langostos que crían en este foro: mucho ruido, cero sustancia. Pero eso es otra historia.