La cosificación femenina como combustible viral: el último episodio
Atención: la atención es el único activo que no cotiza en bolsa, pero tiene mercado negro: el de la cosificación. Un clip corto protagonizado por una joven ha vuelto a demostrar que el músculo más ejercitado en internet es el del comentario grosero. En apenas una docena de reacciones, la conversación ha recorrido todas las fases del ciclo: la petición directa, el ranking corporal, la homofobia como condimento y el recordatorio de que el mismo patrón se aplica a cualquier mujer, sea cual sea su aspecto.
Por qué nadie habla de la persona
Lo llamativo del episodio es que ninguna de las respuestas preguntaba por la identidad, el trabajo o la opinión de la joven. Hay una excepción que la pregunta, pero solo para adherirse al coro. La cosificación funciona así: convierte a la persona en un objeto de escrutinio físico, y el resto de atributos quedan fuera de cuadro. No es diferente de un escaparate.
El algoritmo premia el desprecio
Cada comentario, por soez que sea, es una interacción. El algoritmo no distingue entre elogio y desprecio: ambos suben el contenido. Así, la degradación se convierte en un producto rentable para la plataforma, que se queda con la publicidad, mientras la protagonista asume el coste reputacional. Hasta que el beneficio publicitario no baje, la previsión es sencilla: más vídeos, más comentarios, más de lo mismo. Quizá entonces alguien invente un filtro para la dignidad.