El PP de Madrid insulta a Óscar Puente: ¿cortina de humo o estrategia?
El PP de la Comunidad de Madrid ha decidido abrir el curso político con una descalificación al ministro de Transportes, Óscar Puente, que ha recorrido las redes en minutos. La forma exacta del insulto no merece ser reproducida aquí, pero todos saben a qué animal hace referencia, y no es un cumplido. La pregunta no es si es un exceso, sino por qué un partido que presume de gestión elige este camino justo cuando la agenda económica pide otra cosa.
Un insulto que no se puede denunciar
Hay quienes sostienen que la jugada está calculada al milímetro: un insulto lo bastante ambiguo como para no acreditar intencionalidad, pero lo bastante claro como para dar la vuelta al país. Es la estrategia del “yo no fui”, aplicada a la comunicación política. El ministro, que tiene fama de responder con la misma moneda, se ha convertido en el altavoz perfecto para que el mensaje se multiplique.
El ruido como modelo de oposición
Mientras los partidos se enredan en el fango, la región que gobierna la derecha arrastra cifras de vivienda y deuda que no invitan al triunfalismo. Con todo, el episodio ha encontrado a un sector del análisis que ve en esta provocación un intento de desviar la atención de asuntos más incómodos. Tampoco faltan los que piden medidas quirúrgicas contra el partido que lo protagoniza, una reacción tan desproporcionada como el propio insulto.
En medio de semejante espectáculo, el ingenio popular ha hecho fortuna con el juego de palabras que convierte al ministro en “monistro”, fusión imposible entre el cargo y la descalificación. Una muestra de que, en esto del nivel del debate, a veces la ironía callejera es más precisa que muchos análisis.
La cuestión de fondo sigue ahí: si el intercambio de descalificaciones sustituye de verdad a la discusión sobre el modelo económico, el único que gana es el ruido. Y los que lo provocan lo saben.