El aviso europeo a los regularizados en España: si cruzan la frontera, devueltos
Un migrante obtiene en España un permiso de residencia tras una regularización extraordinaria. Cruza a Francia buscando un mejor salario y las autoridades francesas lo detienen: su documento no vale más allá de la frontera. La noticia, que circulaba con fuerza hace unos cinco meses, reabre una pregunta incómoda: ¿de qué sirve regularizar a cientos de miles de personas si luego no pueden moverse por la Unión Europea?
Un permiso que no cruza fronteras
El principio jurídico es conocido: un permiso de residencia estatal solo tiene validez en el Estado que lo expide. Bruselas lo recuerda ahora con un aviso que suena a advertencia: quien haya sido regularizado por España será devuelto a España si lo encuentran en otro país de la UE sin autorización. La medida choca con una realidad incómoda: España acumula varias regularizaciones extraordinarias y una vía rápida de nacionalidad, y esa combinación convierte el control en un laberinto. Quien solo tiene la residencia puede ser devuelto; quien completa la nacionalidad es ciudadano comunitario con derecho a circular y a votar.
La herencia de 1954: dos años para la nacionalidad
Hay un atajo que desactiva cualquier intento de contención. La ley de 15 de julio de 1954, aprobada durante la dictadura de Franco, reformó el Código Civil e introdujo un plazo de dos años de residencia legal para los nacionales de origen de países iberoamericanos y Filipinas. El artículo 22 del código mantiene ese fondo. La ironía es relevante: una norma diseñada como gesto hacia las antiguas colonias se ha convertido en la puerta de entrada a la ciudadanía europea para miles de personas.
Francia y Alemania empujan hacia la salida
Mientras España regulariza, otros socios europeos hacen el camino inverso. Francia aparece con devoluciones de quien entra sin autorización; Alemania, con incentivos para que los extracomunitarios sin trabajo abandonen el país, incluidos los que obtuvieron la nacionalidad de otro Estado miembro. El contraste dibuja una UE con dos políticas migratorias conviviendo bajo el mismo techo, y eso es exactamente lo que hace impredecible el aviso.
La escena del pájaro en la jaula con la puerta abierta lo resume: se regulariza para retener, pero el pasaporte español abre toda Europa. Devueltos un día; nacionalizados al siguiente. La pregunta que queda sobre la mesa no es cuántos serán devueltos, sino cuántos de los devueltos ya no son españoles, sino europeos.