Jesús G. Maestro critica la autoayuda de Jordan Peterson
El filólogo y crítico literario Jesús G. Maestro ha convertido su serie de vídeos en un ajuste de cuentas con la industria de la autoayuda. Su diana:
Jordan Peterson, el psicólogo clínico que saltó a la fama con un decálogo para ordenar la vida y que, según sus críticos, terminó atrapado por la adicción a las benzodiacepinas. Maestro no se limita a discutir las ideas: las ridiculiza con erudición, vocabulario y una beligerancia que sus seguidores celebran como aire fresco frente al gurú de moda.
La discusión, sin embargo, no se queda en el duelo dialéctico. Lo que emerge es una pregunta incómoda:
¿cuánto de la autoayuda contemporánea es pensamiento original y cuánto es refrito de la sabiduría clásica con envoltorio de marketing? Y, de fondo, un asunto que toca a la
salud mental: el papel de los psicofármacos, las benzodiacepinas y la línea difusa entre el consejo útil y el negocio del bienestar.
Qué es el decálogo de Peterson y por qué genera rechazo
El punto de partida es el libro de reglas que Peterson publicó para ordenar la vida. Sus defensores sostienen que no se trata de ética disfrazada, sino de
coherencia psicológica: actuar de determinada manera produce efectos medibles en quien lo practica. No son mandamientos morales, argumentan, sino instrucciones con resultado.
La crítica más repetida es que Peterson
no inventa nada. Recupera lugares comunes presentes en refranes, en la tradición cristiana y en autores como Baltasar Gracián, pero los presenta sin citar la fuente. La acusación no es de plagio, sino de
ventajismo comercial: vender como nuevo lo que lleva siglos escrito.
El contraargumento es que Peterson sí ilustra sus tesis con literatura, religión y mitología, y que su postulado central es que las historias son la forma más eficiente de transmitir información. Las más antiguas sobreviven porque concentran más valor. Si no menciona a Gracián, sostienen, es una omisión, no una apropiación.
El caso Peterson: benzodiacepinas y el relato de la adicción
Aquí el debate se vuelve áspero. Peterson, psicólogo clínico, se vio sumido en una adicción a las benzodiacepinas tras una etapa de presión extrema: el acoso mediático, amenazas contra su vida y la enfermedad grave de su esposa. Fue al médico y este le recetó el fármaco.
La versión crítica subraya la contradicción:
el hombre que predicaba desde un pedestal de sabiduría acabó dependiendo de una pastilla. La versión defensora invierte el foco: el problema no es Peterson, sino lo peligrosas que son las benzodiacepinas y lo poco que se advierte de su retirada. Cuando intentó dejarlas, sufrió una reacción adversa que casi acaba con él.
Hay quien va más lejos y cuestiona la versión oficial del tratamiento, la clínica y el fármaco concreto. La discusión sobre salud mental y psicofármacos es, en este punto, la más sensible del asunto.
La dieta carnívora y los problemas de salud que se relatan
Peterson y su entorno promovieron la dieta carnívora como solución a problemas autoinmunes. El asunto se cuela en la conversación con testimonios de primera mano: una participante relata que siguió una dieta de huevos fritos, leche y cortes de carne durante casi un año y sufrió
problemas hormonales. Su conclusión: las necesidades de carbohidratos de una mujer no son las de un hombre.
Otros defienden que la dieta carnívora resolvió problemas autoinmunes que les surgieron de la nada, y que hay foros y vídeos donde se cuentan casos similares. La visibilidad de Peterson, dicen, solo amplifica lo que ya existía.
El contraargumento es que la evidencia anecdótica no es evidencia. Y que convertir una experiencia personal en recomendación general es exactamente el mecanismo de la autoayuda que se critica.
Jesús G. Maestro: erudición, provocación y pensamiento español
Maestro no es un crítico neutral. Reivindica el pensamiento español y en español, y su repaso a Escohotado es un ejemplo: le reprocha que en
Los enemigos del comercio no mencione el periodo en que España dominaba con sus armas y su comercio y puso en circulación la primera moneda global. Para Maestro, esa omisión alimenta la leyenda negra sobre la historia española.
Su estilo es beligerante, vehemente y provocador. Reparte críticas duras y se atreve a llamar a las cosas por su nombre. A los románticos y existencialistas alemanes les da pal pelo; a la anglosfera la deja para el retrete; y a Shakespeare lo denigra al compararlo con Cervantes.
No todo el mundo compra el personaje. Hay quien lo ve como un intelectual con complejo de superioridad moral, un mal comunicador que se repite como el ajo. Y hay quien, aun discrepando en muchas cosas, reconoce que se aprende vocabulario, historia y filosofía escuchándolo.
El negocio de la autoayuda y el gurú como producto
La crítica de fondo no es a Peterson, sino al
mercado de gurús. La autoayuda es un lugar común de una sociedad aislada y ensimismada, y el término gurú, chamán o vendedor de humo se aplica por igual a figuras que prometen transformación personal a cambio de un libro, un curso o una suscripción.
La pregunta que sobrevuela es si el mensaje importa menos que el envoltorio. Si Peterson dice lo mismo que Gracián cuatro siglos después, el valor añadido no está en la idea, sino en la marca. Y eso, en un mercado saturado de coaches y filósofos influencers, es exactamente lo que se vende.
La ironía final: el crítico que desmonta al gurú también construye su propio público. La diferencia, dicen sus defensores, es que Maestro no promete felicidad. Solo erudición, humor y una pelea intelectual.
Con estos mimbres, la predicción es arriesgada. Si el patrón se repite, la próxima figura de la autoayuda tendrá su propio crítico, su propio vídeo y su propio ejército de seguidores. Y nadie sabrá si el gurú cayó por sus contradicciones o simplemente porque el mercado ya tenía hambre de otro.