Javier Ruiz deja TVE y ficha por La Séptima en plena tormenta por el informe del Consejo de Informativos
El movimiento parecía anunciado, pero ha llegado con la pólvora aún humeante. Javier Ruiz, presentador de 'Mañaneros 360' y 'Malas Lenguas', ha abandonado RTVE para ocupar la segunda posición en el organigrama de La Séptima, según han confirmado fuentes del sector. El traslado se produce apenas dos semanas después de que el Consejo de Informativos de TVE publicara un demoledor informe de 140 páginas sobre ambos programas, fechado el 13 de enero de 2026, que concluye que "incumplen, de forma habitual y reiterada, las normas fundamentales para la elaboración de información".
La investigación, iniciada en mayo de 2025 a raíz de comunicados internos que denunciaban sesgo y falta de pluralidad, señalaba que las decisiones editoriales de los espacios estaban siendo tomadas por "gente ajena a RTVE". Un diagnóstico que sonó a sentencia en la pública. Ruiz, conocido por su perfil combativo y sus análisis económicos heterodoxos, se marcha a una cadena privada que precisamente ha hecho de la crítica al relato oficial su seña de identidad.
¿Cambio de silla o fuga de la presión pública?
Algunos analistas interpretan la salida como un movimiento natural en un tablero donde la televisión pública ya no tolera el mismo margen de maniobra. "En la pública hay demasiados focos", resume una de las lecturas habituales. La Séptima le ofrece un entorno donde la supervisión es más laxa o, según se mire, donde el sesgo puede ejercerse sin cortapisas. Otros lo ven simplemente como un reajuste de las piezas de la maquinaria de propaganda subvencionada: Ruiz cambia TelePedro 1 por TelePedro 7, pero el guion sigue siendo el mismo.
Lo cierto es que el informe del Consejo de Informativos no ha tenido consecuencias disciplinarias conocidas, y Ruiz no esperó a que las hubiera. Mientras la corporación pública digiere el varapalo interno, La Séptima ficha a un comunicador que ya ha demostrado que sabe manejar el descontento social con soltura.
¿El resultado? Un presentador estrella que se lleva su audiencia a un canal más pequeño pero con más libertad de movimientos. La pregunta que flota es si la pluralidad informativa sale ganando o si, simplemente, un periodista incómodo se muda a un vecindario donde las reglas las pone quien paga.