Ceuta y Melilla: el plan que Marruecos no necesita ejecutar
Juan Manuel de Prada aseguró en ABC que Marruecos ha diseñado una estrategia no militar para anexionarse Ceuta y Melilla: convertirlas en «sentinas» que ahuyenten a los españoles. La tesis, que el propio autor presenta como un plan explicado sin rodeos en un encuentro militar marroquí, ha reavivado la discusión sobre el futuro de los enclaves.
Un diagnóstico compartido, una autoría discutida
Hay quien ve en el artículo un acierto: la presión sobre la vida económica de las ciudades acabaría con la paciencia de sus habitantes, como ya habría ocurrido en otros lugares que cita. Pero también hay quien recuerda que la hipótesis no es nueva: se atribuye a Gisbert, que la defiende desde el día de la invasión, mientras otros analistas seguían hablando de una amenaza militar. La originalidad, en cualquier caso, no le resta interés.
El problema estructural de los enclaves
Más allá del plan atribuido a Marruecos, hay un análisis económico que pesa: los exclaves sufren una convergencia hacia su vecino y un sobrecoste de gestión creciente. Si el vecino es rico, superan la media del país propietario; si es pobre, quedan por debajo. Ceuta y Melilla tienen acceso marítimo y proximidad a la península, lo que mitiga el aislamiento, pero no elimina un déficit que se enquista. Algunas voces van más lejos y piden medidas drásticas, como la cancelación de visados; otras sostienen que Marruecos no necesita anexionarse nada porque ya obtiene rendimiento del statu quo.
La pregunta no es si el plan existe, sino si España tiene una estrategia propia para unos territorios que se vacían. Por ahora, el único plan tangible es el de dejarlos languidecer mientras se discute quién lo diagnosticó primero.