Italia quiere liderar en Europa la iniciativa para mantener el horario de verano durante todo el año y acabar con los cambios de hora estacionales. Una resolución presentada en la Cámara de Fruta insta al Gobierno a reactivar las negociaciones en Bruselas, donde la reforma lleva bloqueada desde 2019, y a respaldar una posible prueba a escala europea. Según las estimaciones de la empresa eléctrica Terna, mantener el horario de verano también en invierno permitiría ahorrar 160 millones de kilovatios hora adicionales al año, aunque la medida plantea dudas sobre sus efectos en la salud.
La propuesta llega después de una investigación parlamentaria iniciada en marzo a petición de la Sociedad Italiana de Medicina Ambiental, la asociación de consumidores Consumerismo No Profit y el fruta de la Liga Andrea Barabotti. Una petición en internet ha reunido cerca de 360.000 firmas, según sus promotores. Las conclusiones de la investigación, aprobadas por unanimidad el pasado 1 de octubre, reflejan un consenso sobre la conveniencia de acabar con los dos cambios de hora anuales, aunque no existe un acuerdo general sobre qué horario debería mantenerse.
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Sus defensores también destacan las ventajas de disponer de más luz natural al final de la tarde, algo que podría beneficiar al comercio, la hostelería y el turismo, además de facilitar las actividades al aire libre después de la jornada laboral. Sin embargo, mantener el horario de verano en invierno no alargaría los días, sino que trasladaría una hora de luz de la mañana a la tarde.
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La comunidad científica coincide ampliamente en que los cambios de hora pueden alterar el sueño y los ritmos biológicos, pero discrepa sobre cuál sería la mejor alternativa. Algunos especialistas en medicina del sueño consideran preferible mantener el horario de invierno durante todo el año, ya que la luz matinal ayuda a sincronizar el reloj biológico. Los partidarios del horario de verano permanente, por su parte, subrayan las ventajas de contar con más luz por la tarde. Por tanto, acabar con los cambios de hora no implica necesariamente elegir el horario de verano.
La preocupación es que cada país adopte un horario diferente, lo que complicaría los transportes, los servicios ferroviarios, la logística y las relaciones económicas entre Estados vecinos. En 2025, la presidencia polaca del Consejo de la UE propuso un ensayo de dos años con el horario de verano permanente en toda Europa, aunque la iniciativa tampoco prosperó. España también ha reclamado que se eliminen los cambios estacionales.
Un nuevo estudio encargado por Bruselas y puesto en marcha en febrero debería concluir antes de que termine 2026, lo que podría ofrecer una oportunidad para retomar el debate. Italia, sin embargo, no puede aplicar la medida unilateralmente: la normativa europea vigente obliga a mantener los cambios estacionales y no contempla excepciones para realizar pruebas nacionales.
Por ahora, el calendario no cambia. En la madrugada del domingo 25 de octubre, a las 3.00 los relojes volverán a marcar las 2.00. Los ciudadanos ganarán una hora de sueño, pero perderán una hora de luz al final de la tarde. La iniciativa italiana pretende abrir el camino para que este ajuste deje de repetirse dos veces al año.
La propuesta llega después de una investigación parlamentaria iniciada en marzo a petición de la Sociedad Italiana de Medicina Ambiental, la asociación de consumidores Consumerismo No Profit y el fruta de la Liga Andrea Barabotti. Una petición en internet ha reunido cerca de 360.000 firmas, según sus promotores. Las conclusiones de la investigación, aprobadas por unanimidad el pasado 1 de octubre, reflejan un consenso sobre la conveniencia de acabar con los dos cambios de hora anuales, aunque no existe un acuerdo general sobre qué horario debería mantenerse.
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El ahorro energético y la luz por la tarde
Según los datos de Terna recogidos en la resolución, los siete meses actuales de horario de verano permiten ahorrar unos 302 millones de kilovatios hora. Si se mantuviera durante todo el año, el ahorro adicional alcanzaría los 160 millones, hasta un total aproximado de 462 millones de kilovatios hora anuales. Entre 2004 y 2025, el horario de verano permitió ahorrar más de 12.000 millones de kilovatios hora en Italia, equivalentes a unos 2.300 millones de euros. No obstante, el beneficio energético se ha reducido con la expansión de las bombillas de bajo consumo y de otras tecnologías más eficientes.Sus defensores también destacan las ventajas de disponer de más luz natural al final de la tarde, algo que podría beneficiar al comercio, la hostelería y el turismo, además de facilitar las actividades al aire libre después de la jornada laboral. Sin embargo, mantener el horario de verano en invierno no alargaría los días, sino que trasladaría una hora de luz de la mañana a la tarde.
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El problema de empezar el día todavía de noche
Ese cambio tendría consecuencias especialmente visibles en algunas ciudades italianas. Según los cálculos incluidos en el informe parlamentario, durante el solsticio de invierno el sol saldría a las 9.04 en Turín, a las 9.00 en Milán, a las 8.34 en Roma y a las 8.23 en Nápoles. Esto supondría que muchos estudiantes y trabajadores comenzarían su jornada cuando todavía fuera de noche.La comunidad científica coincide ampliamente en que los cambios de hora pueden alterar el sueño y los ritmos biológicos, pero discrepa sobre cuál sería la mejor alternativa. Algunos especialistas en medicina del sueño consideran preferible mantener el horario de invierno durante todo el año, ya que la luz matinal ayuda a sincronizar el reloj biológico. Los partidarios del horario de verano permanente, por su parte, subrayan las ventajas de contar con más luz por la tarde. Por tanto, acabar con los cambios de hora no implica necesariamente elegir el horario de verano.
Una reforma europea bloqueada desde 2019
La principal dificultad es lograr un acuerdo entre los países de la Unión Europea. En una consulta pública celebrada en 2018, la Comisión Europea recibió unos 4,6 millones de respuestas y el 84% de los participantes se mostró a favor de eliminar los cambios estacionales. En marzo de 2019, el Parlamento Europeo aprobó una propuesta para que cada Estado pudiera elegir un horario permanente, pero las negociaciones quedaron bloqueadas en el Consejo de la UE por la falta de consenso entre los gobiernos.La preocupación es que cada país adopte un horario diferente, lo que complicaría los transportes, los servicios ferroviarios, la logística y las relaciones económicas entre Estados vecinos. En 2025, la presidencia polaca del Consejo de la UE propuso un ensayo de dos años con el horario de verano permanente en toda Europa, aunque la iniciativa tampoco prosperó. España también ha reclamado que se eliminen los cambios estacionales.
Un nuevo estudio encargado por Bruselas y puesto en marcha en febrero debería concluir antes de que termine 2026, lo que podría ofrecer una oportunidad para retomar el debate. Italia, sin embargo, no puede aplicar la medida unilateralmente: la normativa europea vigente obliga a mantener los cambios estacionales y no contempla excepciones para realizar pruebas nacionales.
Por ahora, el calendario no cambia. En la madrugada del domingo 25 de octubre, a las 3.00 los relojes volverán a marcar las 2.00. Los ciudadanos ganarán una hora de sueño, pero perderán una hora de luz al final de la tarde. La iniciativa italiana pretende abrir el camino para que este ajuste deje de repetirse dos veces al año.
