Israel califica de 'muy lamentable' que España financie a UNRWA sin esperar la investigación
Israel no ha tardado en tachar de «muy lamentable» la decisión de España de aportar 3,5 millones de euros con carácter urgente a la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA). El gesto llega mientras una investigación indaga la posible implicación de trabajadores de la agencia en los ataques de Hamás del pasado 7 de octubre. Mientras otros donantes han congelado su financiación, España abre el grifo.
3,5 millones que pesan más que su cifra
La cantidad es modesta en términos absolutos, pero el simbolismo es mayúsculo. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, anunció la partida como un «apoyo firme» a la labor humanitaria de UNRWA, justo cuando la agencia está en el ojo del huracán. La investigación, aún en curso, busca esclarecer si una docena de empleados participaron en la masacre del 7-O. Países como Estados Unidos, Reino Unido o Alemania suspendieron sus aportaciones a la espera de conclusiones. España, en cambio, aprieta el acelerador.
La lectura política: apoyos internos y tensión exterior
La decisión hay que leerla en clave doméstica: el Gobierno de coalición necesita contentar a sus socios de izquierda, tradicionalmente críticos con Israel y favorables a la causa palestina. Pero la jugada le abre un frente diplomático con Tel Aviv, que ya ha expresado su malestar. «Nos parece muy lamentable», señalaron fuentes del Ministerio de Exteriores israelí. La advertencia no es baladí: Israel es un socio comercial relevante y mantiene vínculos de seguridad con Jovenlandia, lo que añade vetas estratégicas.
Las dos caras de la ayuda humanitaria
Los defensores del giro español argumentan que la ayuda es imprescindible para evitar una catástrofe humanitaria en Gaza, donde la población depende de UNRWA para subsistir. Cualquier corte de fondos, dicen, castiga a civiles inocentes. En la vereda opuesta, los críticos sostienen que financiar sin transparencia es arriesgado: si la investigación confirma la infiltración de Hamás, los fondos españoles podrían haber acabado en manos de terroristas. «Se está jugando con dinero de los contribuyentes sin garantías», advierten voces escépticas.
Un pulso que no termina aquí
La partida de 3,5 millones es solo un capítulo más en la erosionada relación entre España e Israel. Sánchez ya había girado hacia una postura más crítica con la ofensiva en Gaza, y esta decisión consolida el viraje. Pero el desenlace de la investigación marcará el siguiente paso: si se prueban vínculos con Hamás, el argumento de «ayuda humanitaria» perderá fuelle. Por ahora, España ha preferido no esperar. La pregunta es si esa anticipación le saldrá cara en el tablero internacional.