Mercadona, ¿culpable de la inflación o chivo expiatorio?
La exministra Irene Montero ha vuelto a sembrar polémica con un tuit en el que acusa a Mercadona de robar a la gente en los barrios, en lugar de los delincuentes comunes. La afirmación, en plena escalada de precios, ha reavivado el debate sobre quién es el verdadero responsable de la pérdida de poder adquisitivo. Mientras unos señalan a la gran distribución, otros ponen el foco en la política monetaria del BCE y la orgía de gasto público.
La inflación tiene nombre propio
Una corriente de opinión sostiene que el gobierno imprime dinero sin control y que la inflación es un impuesto silencioso que roba mucho más que cualquier cadena de supermercados. "El gobierno nos roba el 60% de lo que ganamos", se argumenta, mientras que Mercadona apenas representa migajas en comparación. Además, se destaca que la cadena valenciana ha creado decenas de miles de puestos de trabajo y ha plantado cara a las multinacionales francesas. ¿Por qué no se critica a Carrefour o Lidl, que venden más caro y ofrecen peores condiciones laborales? La respuesta es sencilla: son empresas extranjeras y no interesa confrontarlas.
El supermercado anticapitalista, la alternativa real?
La propuesta de supermercados públicos, impulsada por los comunes en Barcelona, no sale bien parada del análisis. Un artículo de Libre Mercado desvela que la experiencia de "La Garbancita Ecológica" (el supermercado anticapitalista de Ione Belarra) se traduce en esperas interminables y precios desorbitados. Mientras, el debate se encona con quienes defienden que el verdadero robo lo cometen los bancos y las grandes energéticas, silenciados por la izquierda oficial. Pero la realidad es que ninguna de las dos posturas ofrece datos concluyentes: ni Mercadona tiene márgenes abusivos (su beneficio neto ronda el 3%), ni el gobierno puede controlar la inflación sin provocar una recesión.
La pregunta que queda en el aire es quién está realmente robando a la gente. La respuesta, como siempre, depende del cristal con que se mire. Pero una cosa es cierta: echarle la culpa a Mercadona es, como mínimo, simplificar demasiado un problema complejo.
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