Ucrania afronta 2025 con un déficit crítico de tropa joven
Abril de 2025. Tres años de guerra después, el frente ucraniano se sostiene sobre una contradicción que ya no admite disimulo: cada vez menos hombres en edad militar y cada vez más terreno perdido. Los datos que maneja el propio Gobierno de Kiev —y que se filtran a cuentagotas— dibujan un escenario donde la falta de reemplazos pesa tanto como la artillería rusa. La natalidad ucraniana, por debajo de un hijo por mujer y en las grandes ciudades como Kiev o Járkov por debajo de 0,5, garantiza que no habrá una generación de relevo en dos décadas. Mientras,
Rusia, con cinco veces más población, compensa sus propias carencias con reclutamiento externo y una superioridad numérica que no necesita disfrazar.
El problema no es solo cuántos quedan, sino cuántos pueden combatir. La edad media del soldado ucraniano supera los 45 años en muchas unidades, y los pocos jóvenes de 18 a 24 años que quedan son una minoría que el Estado no puede movilizar sin arriesgar el colapso económico. Un cálculo que circula entre analistas militares cifra en al menos 200.000 los jóvenes que harían falta para una sola ruptura operativa. No hay país dispuesto a aportarlos. Los mercenarios colombianos, caros y escasos, apenas suman unos miles.
Kursk: la ofensiva que debía compensar y acabó agravando
La incursión en la región rusa de Kursk nació con un objetivo claro: canjear territorio ruso por el Dombás, Crimea o el corredor del mar de Azov en una hipotética negociación. La operación pretendía transformar una derrota en una salida honorable. El resultado, a la altura de la primavera de 2025, es el contrario: las fuerzas rusas han desplazado a los ucranianos de la mayor parte de la zona ocupada y, en el proceso, han avanzado dentro de Ucrania. Lo que se ganó en imagen se perdió en kilómetros.
El patrón se repite en otros frentes. En Pokrovsk se han registrado avances ucranianos menores, insuficientes para compensar lo perdido en 2023 y 2024. La ofensiva lanzada en la región de Bélgorod tampoco ha dado los frutos esperados. La estrategia ucraniana se limita, cada vez más, a resistir y retirarse cuando la posición se vuelve indefendible. No es una retirada desordenada, pero sí una cesión continua de terreno que erosiona cualquier relato de victoria.
¿Puede Ucrania sostener la guerra sin movilizar a los jóvenes?
La respuesta corta es que no, al menos no con la intensidad actual. El Gobierno ucraniano ha resistido las presiones para bajar la edad de reclutamiento por debajo de los 25 años, consciente de que movilizar a la franja de 18 a 24 años vaciaría las ciudades y pondría en riesgo la economía. Pero esa resistencia tiene un coste militar directo: menos infantería, unidades más envejecidas y una capacidad de reemplazo que se agota.
En febrero y marzo de 2025, solo 250 jóvenes de 18 a 24 años firmaron contrato voluntario, a pesar de los incentivos económicos ofrecidos. El objetivo oficial para el conjunto del año es reclutar 30.000 al mes, de los cuales 8.000 serían mujeres. Las cuentas no salen. De los aproximadamente 2,5 millones de hombres que quedan en Ucrania, un millón está exento por desempeñar empleos esenciales, medio millón tiene algún tipo de discapacidad y el resto se esconde o cruza la frontera a un ritmo de unos 2.000 diarios. Cada día que pasa, el pool de reclutas potenciales se reduce.
La superioridad numérica rusa no es trampa, es doctrina
Rusia afronta un problema demográfico similar, pero lo gestiona con una ventaja estructural: cinco veces más población y la capacidad de reclutar en el extranjero. Sus pérdidas son elevadas, pero teóricamente asumibles dentro de una doctrina que no ha dudado en sacrificar efectivos para ganar metros. La artillería y las bombas planeadoras FAB —desde las de 250 kilogramos hasta las de 9.000— siguen siendo su principal herramienta de desgaste, aunque su precisión y disponibilidad estén lejos de ser ilimitadas. Solo el Su-34 puede lanzar las versiones más pesadas, y las bases seguras están a más de 400 kilómetros del frente.
El debate sobre el intercambio de bajas está lejos de cerrarse. Hay quien sostiene que las pérdidas ucranianas multiplican por ocho a las rusas, y quien afirma lo contrario basándose en los intercambios de cadáveres. Un episodio reciente, con 909 cuerpos ucranianos entregados frente a 41 rusos, alimenta la tesis de que la proporción real es muy distinta a la que se difunde. La discrepancia no es menor: define quién puede aguantar más tiempo.
Drones y robotización: la apuesta para no depender de la carne
La única vía que algunos análisis consideran viable para Ucrania es intensificar la dronificación del frente y robotizar la defensa. Los drones han demostrado ser un multiplicador de fuerza relativamente barato, y una defensa basada en minas y vectores no tripulados puede escalarse para depender cada vez menos de la intervención humana directa. El problema es que Ucrania carece de capacidades balísticas suficientes para golpear en profundidad el territorio ruso al nivel que Rusia golpea el ucraniano. La prioridad, según esta corriente, sería racionalizar los proyectos de misiles y centrarse en los más prometedores.
La guerra, en cualquier caso, no parece encaminada a un final rápido. Un escenario de diez años de conflicto exigiría invertir por completo la composición del ejército, con una presencia mayoritaria de mujeres en la segunda mitad. Es una hipótesis extrema, pero que ya se discute abiertamente. Lo que nadie discute es que Ucrania, tal como era antes de febrero de 2022, ya no existe.