¿Merece Laporta el odio de los independentistas por apoyar a España?
El presidente del Barça, Joan Laporta, se ha convertido en el blanco de las iras de un sector del independentismo catalán. El motivo: su respaldo público a la selección española de fútbol durante el Mundial de 2026. En un foro catalán se le ha tildado de "traidor" y se ha llegado a desear un infarto. Detrás del ruido, sin embargo, asoma una realidad incómoda para el secesionismo: el negocio del Barça y la política no casan.
La figura del 'botifler' resurge
El apoyo de Laporta a la selección española ha reavivado el mito del "botifler" (traidor interno) entre los independentistas más radicales. Mientras que durante el torneo algunos llegaron a animar a Portugal y Francia solo para ver caer a España, el gesto del presidente del Barça les ha escocido de forma especial. "Lo de Laporta les alimenta", resumía un comentario, que describía la necesidad de señalar al traidor como "muy importante en el imaginario de estos nazis de pacotilla". La expresión, más allá de su carga despectiva, refleja la ansiedad de un movimiento que ve cómo una de sus figuras más emblemáticas se desmarca.
El negocio manda: Barça como empresa
Pero hay un análisis menos pasional y más económico. "Laporta es un empresario, y el Barça ya es una empresa; el independentismo no da dinero y políticamente está muerto", se argumenta en la discusión. El club necesita ingresos, y la marca España pesa. El secesionismo, por su parte, lleva años perdiendo fuelle tanto en las urnas como en los balances. Que un presidente del Barça se alinee con la selección no es más que un síntoma de hacia dónde soplan los vientos del mercado.
La paradoja es que quienes más vociferan contra Laporta son los mismos que se quedaron sin argumentos cuando el proceso independentista se desinfló. La realidad es tozuda: el negocio del fútbol va por un lado y el independentismo, por otro. Y al final, quien paga la factura decide.