Ascensos por destino caro: la Guardia Civil y el puzle de la vivienda
El Ministerio del Interior ha decidido premiar con puntos extra para el ascenso a los guardias civiles que acepten destinos en provincias con precios de vivienda disparados, como Cataluña. La medida, sin embargo, esquiva el fondo: ajustar el sueldo al coste de vida.
Un incentivo que no paga el alquiler
Quien gane 2.000 euros y se enfrente a un alquiler de 1.800 –como se señalaba en círculos de la Benemérita– difícilmente llega a fin de mes, y menos si tiene hijos. La solución de los puntos, aunque no nueva (destinos de riesgo o penosidad ya contaban doble), no resuelve el problema de liquidez mensual. En los años 80 y 90, policías en Barcelona y Madrid ya tenían que hacer extras de seguridad o camareros para cuadrar cuentas. La historia se repite.
El debate de fondo: ajuste salarial por zona
La propuesta de pagar más a los funcionarios en función del coste de vida provincial se topa con dos escollos: el gasto público y el clientelismo político. Mientras tanto, los agentes de familias con menos recursos ven limitadas sus opciones. El sistema de puntos no discrimina por renta, pero al final quien tiene un colchón familiar puede permitirse Cataluña; quien no, se queda fuera o se empobrece.
La paradoja es que los puntos extras no atraen a todos: algunos destinados denuncian que solo sirven para volver a casa, no para establecerse. Y el problema de fondo –la vivienda inasequible– sigue sin atacarse. Mientras el coste de la cesta básica y el alquiler sigan disparados, los ascensos no llenarán la nevera.