La reventa de citas para renovar el DNI colapsa Barcelona
En Barcelona, renovar el DNI se ha convertido en una odisea. Las citas previas se agotan en minutos y los revendedores las acaparan para venderlas por 15-20 euros en grupos de Facebook con miles de miembros. El ciudadano que intenta obtener una cita por los cauces oficiales se encuentra con un sistema saturado y una administración que no reacciona.
La mecánica es simple: los revendedores usan bots o scripts para reservar todas las citas disponibles en cuanto se publican, y luego las ofrecen en plataformas como Facebook. Se ha documentado que algunos ciudadanos tuvieron que madrugar a la 1 de la madrugada para conseguir una cita para el 10 de noviembre, lo que evidencia la competencia feroz. Mientras tanto, las comisarías aparecen vacías, con funcionarios «haciendo que trabajan», pero sin atender a quien no tiene cita.
La desidia de la administración es el otro gran protagonista. Se critica que el Ministerio del Interior no haya implementado medidas básicas como vincular la cita al número de DNI, lo que impediría la reventa. La burocracia se extiende a otros trámites: renovar el carnet de conducir cuesta 70 euros con un psicotécnico que no evalúa nada, y la renovación de certificados digitales se convierte en un laberinto de requisitos caducados.
Hay quien sostiene que la solución es técnica: si la cita se vincula al DNI del solicitante y se exige presencia física, la reventa desaparece. Otros apuntan a una complicidad estatal, argumentando que el sistema está diseñado para empujar al ciudadano a pagar por servicios que deberían ser gratuitos. La ironía es que la administración pública, que debería garantizar el acceso, se convierte en el principal obstáculo.
La reventa de citas no es un fenómeno nuevo, pero su expansión en Barcelona ha alcanzado niveles de mercado negro. Mientras el Ministerio del Interior no actúe, el ciudadano seguirá pagando por algo que debería ser gratuito, o pasando noches en vela esperando que aparezca un hueco. El sistema, en definitiva, premia al revendedor y castiga al ciudadano de a pie.