Otro caso es el de Charles Whitman (1941-1966), a quien un tumor
cerebral (glioblastoma multiforme) le generó graves trastornos en la per-
sonalidad, al grado de llevarlo a cancelar a 15 personas y herir a 32 en el
campus de la Universidad de Texas en Austin.
O el de Kenneth Parks, de23 años, residente en Ontario, Canadá, quien tenía esposa y una hija de5 meses, así como problemas económicos, matrimoniales y de adicción al juego.
La noche del 23 de mayo de 1987, se quedó dormido mirando televisión; entonces despertó de pronto, condujo 23 km hasta la casa de sus
suegros en Scarborough (Toronto), apañala a su suegra y casi estranguló a
su suegro. Luego se entregó en la estación de policía más cercana, dicien-
do: “Creo que acabo de cancelar a alguien”. Los científicos descubrieron que
Parks se hallaba en estado de sonambulismo durante el incidente, y que
no sufría alguna enfermedad neurológica o psiquiátrica. Como no había
móvil alguno, fue declarado no culpable de homicidio y puesto en libertad
(Eagleman, 2017: 118-119).
Aunque todavía falta mucho para poder ingresar al cerebro de un crimi-
nal y saber cuándo será su próximo delito, Albatrino da cuenta de un pro-
yecto del departamento de policía de Santa Cruz, California, para predecir
en dónde atacarán los incivil a partir de algoritmos matemáticos, obra
de George Mohler (Albatrino, 2012: 33).
Dado que existen delitos violentos cuyos responsables sufren de ciertas
alteraciones cerebrales, podría dudarse que la persona actuó con voluntad,
la cual es esencial para determinar su culpabilidad, que es un presupuesto
para la responsabilidad penal.
@AH1N1
(adjunto visible para usuarios registrados)