Ilia Topuria deja España: ¿huida fiscal, familiar o ambas?
El campeón de la UFC ha anunciado que traslada su residencia a Miami. La razón oficial: estar cerca de su exmujer y su hija. La razón oficiosa, que nadie se molesta en ocultar, es la diferencia abismal en el trato fiscal entre España y Florida. Con unos ingresos que superan el millón de euros por pelea, la decisión es aritmética pura.
El cálculo que no engaña: casi 100.000 euros de ahorro por cada 500.000 ingresados
Los números cantan. En España, el tipo marginal del IRPF puede alcanzar el 47-50% en comunidades como Cataluña. En Florida, el impuesto estatal sobre la renta es del 0%, y el federal se queda en un 37% para los tramos más altos. Según los cálculos que circulan, para un salario bruto de un millón de euros anuales, el neto en España ronda los 500.000-550.000 euros; en Florida, entre 640.000 y 670.000. La diferencia es aún más sangrante para cifras mayores: por cada 500.000 euros de ingresos brutos, el ahorro supera los 100.000 euros al año.
No es solo el porcentaje, es la previsibilidad. En Estados Unidos las reglas son estables; en España, Hacienda puede reinterpretar los ingresos por derechos de imagen o inventar un impuesto de solidaridad sobre la marcha. Topuria, que saltó a la fama luciendo la bandera española, ha preferido la bandera del dólar.
La excusa perfecta: la custodia compartida y el negocio en Miami
El luchador de origen georgiano ha justificado el movimiento por su hija: la madre reside en Miami y la custodia compartida le obliga a estar cerca. Pero la casualidad es que allí también están sus principales patrocinadores, los mejores gimnasios de MMA del mundo y su equipo de gestión. La mudanza le permite centralizar su carrera y optimizar su factura fiscal. Como ironizó un analista del sector, “lo raro es que no se hubiera ido antes”.
La reacción del público ha sido previsible. Unos lo tachan de oportunista que abandonó la bandera que le dio fama; otros señalan que el verdadero problema es un país que expulsa a sus talentos con una presión fiscal asfixiante. Mientras, los campeones se van y el fisco se queda mirando.