Hungría vota: la era Orbán pende de un hilo tras tres años de estancamiento
Las elecciones húngaras de este año apuntan a un desenlace histórico. Según los datos preliminares del portal oficial vtr.valasztas.hu, el partido de Viktor Orbán, Fidesz, pierde fuelle a medida que avanza el escrutinio. Los primeros sondeos ya hablaban de una caída libre, y a falta de una hora del cierre, los resultados en directo confirmaban que el líder iliberal se encamina a una derrota que muchos daban por improbable hasta hace poco.
El desgaste de un modelo: corrupción y crecimiento cero
Orbán lleva catorce años en el poder, pero su imagen se ha deteriorado dentro y fuera de Hungría. Fuentes de primera mano, como ciudadanos húngaros que residen en el extranjero, describen un malestar creciente. Critican que Orbán ha prohibido el día del Orgullo, que ha prometido no irse aunque pierda las elecciones y que su círculo de confianza se ha enriquecido de forma obscena: su amigo de la infancia se ha convertido en el hombre más rico del país. Mientras tanto, la economía húngara acumula tres años de crecimiento cero, un dato demoledor para un país que presume de ser la "isla de estabilidad" en Europa Central. Fuera de Budapest, los salarios son bajos y la falta de oportunidades se hace crónica.
El dilema europeo: ¿por qué no se va?
Una de las preguntas que flota en el debate es por qué Orbán, tan crítico con Bruselas, no sigue el ejemplo británico y abandona la Unión Europea. La respuesta, según testigos de la vida política húngara, es que la UE sigue inyectando fondos que el gobierno utiliza para comprar votos. "Cada vez que protesta, lo riegan con dinero", resume un descendiente de Budapest. De ahí que la oposición, encabezada por un exmiembro del propio Fidesz, se presente como la única vía para enderezar el rumbo hacia un europeísmo pragmático.
Un recambio poblacional que no llega
A todo esto se suma un problema estructural: Hungría no tiene recambio generacional. La natalidad está por los suelos y las políticas pronatalistas de Orbán no han dado resultados, lo que agrava las perspectivas de futuro. La victoria de la oposición sería, en cualquier caso, un experimento: llevar al poder a un candidato que surge de las tripas del propio régimen. Quién sabe si el cambio será cosmético o profundo. Por ahora, las urnas cantan.
Con los votos aún calientes, el escenario que se dibuja es el de un Orbán acorralado, pero todavía con capacidad de maniobra. Lo que venga después dependerá de si acepta el resultado o, como advierten sus críticos, intenta aferrarse al poder por la fuerza. Hungría, en cualquier caso, ha dejado de ser la excepción europea para convertirse en el espejo de una crispación que no es solo suya.