Huaweigate: 15 eurodiputados implicados y un sistema que huele
El escándalo que salpica a Huawei en el Parlamento Europeo ha destapado algo que muchos sospechaban: la compra de legisladores a gran escala. Según los datos que han ido saliendo a la luz, al menos 15 eurodiputados habrían recibido sobornos de la tecnológica china para influir en normativas y tratos de favor. La cifra, aunque impactante, es solo la punta del iceberg si se considera que Bruselas alberga unos 1.450 lobbies que emplean a 25.000 personas, dedicados a moldear leyes a golpe de talonario.
El modus operandi de la corrupción en Bruselas
El caso no es nuevo en su mecánica, pero sí en la magnitud de la trama. La ex CEO de una de las filiales europeas de Huawei mantenía una relación sentimental con el ministro de exteriores de un país miembro, lo que ha llevado a preguntarse hasta dónde llegan los tentáculos. Los mensajes entre bambalinas apuntan a que las invitaciones a partidos de fútbol y otros favores personales eran moneda corriente, con el objetivo de asegurar decisiones favorables en la Eurocámara.
La corrupción no es exclusiva de una empresa. Un sector del análisis sostiene que Huawei solo hace lo mismo que otros gigantes tecnológicos o farmacéuticos, pero con precios más competitivos y mejor calidad. Otros argumentan que el problema es sistémico: la propia estructura del Parlamento Europeo permite que se vendan leyes, reglamentos, subvenciones y hasta exenciones al mejor postor. El caso de las vacunas, con comisiones millonarias a intermediarios, se cita como precedente.
La postura de los escépticos: ¿qué hay de nuevo?
Hay quien relativiza el escándalo señalando que todos los fabricantes de móviles y servicios tecnológicos tienen sus propios chanchullos. Si Huawei ofrece mejor relación calidad-precio y además soborna, el dilema moral se difumina para quienes ya asumen que el espionaje y la injerencia son inevitables, vengan de la NSA, del gobierno chino o de un lobby cualquiera. El escepticismo ante cualquier relato oficial es la tónica dominante.
Sin embargo, la pregunta que nadie responde satisfactoriamente es quién controla a los controladores. Si los funcionarios europeos no parecen dispuestos a depurar las instituciones, el ciudadano medio solo puede especular con que la próxima legislación que le afecte habrá sido redactada por el lobby mejor financiado.
El HuaweiGate deja en evidencia que Bruselas no es un foro de debate ilustrado, sino un mercado donde los derechos se subastan. Mientras los implicados se refugian en el silencio, el dato de los 15 eurodiputados sobornados queda como un mero anticipo de lo que podría destaparse si alguien tirara del hilo.
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