La jubilación sube a 66 años y ocho meses
La edad legal de
jubilación en España ha subido este mes a
66 años y ocho meses para quienes acrediten menos de 38 años y tres meses cotizados. La medida, aprobada en su día por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y mantenida después por el Partido Popular, sigue desplegándose año a año con la misma mecánica: dos meses más cada ejercicio hasta 2027, cuando el listón se situará en los 67. El calendario no es nuevo, pero cada vez que se actualiza vuelve la misma pregunta incómoda: ¿quién paga la fiesta de las pensiones cuando la pirámide demográfica se da la vuelta?
Qué cambia exactamente este mes
La norma establece dos vías. Quien haya cotizado
38 años y tres meses o más puede retirarse a los 65. Quien no llegue a ese umbral —y aquí entra una bolsa creciente de trabajadores con carreras irregulares, paro prolongado o economía sumergida— tendrá que esperar a los 66 y ocho meses. En 2027, el segundo tramo subirá hasta los 67. La progresión es la siguiente: dos meses por año, sin pausa, sin debate parlamentario y sin que ninguna formación haya planteado revertirla en serio.
El detalle que más incomoda no es la cifra en sí, sino la sensación de que el ajuste se hace siempre por el mismo lado. Hay quien sostiene que trabajar 35 años cotizados es una condena para quien se ha pasado la vida madrugando con dolores crónicos; y hay quien responde que quien no llega a esos años es porque ha vivido de ayudas o de rentas. La discusión, como casi siempre, acaba en el barro.
La trampa de los 35 años cotizados
Uno de los puntos que más recorrido tiene en el análisis es el de los años mínimos. La pensión contributiva exige
15 años cotizados para acceder al 50% de la base reguladora, y 35 para el 100%. Pero la vida laboral real de una persona que ha encadenado contratos temporales, paro y trabajos no declarados rara vez llega limpia a esa cifra. El cálculo completo, con sus tramos y porcentajes, da para un máster.
La pregunta que sobrevuela es incómoda: ¿qué hace alguien que a los 60 años lleva 20 cotizados y no encuentra trabajo? La respuesta oficial es que siga buscando. La extraoficial es que se conforme con una pensión mínima o con la no contributiva. Y ahí es donde el sistema muestra su costura.
¿Quién paga las pensiones de los que se jubilan ahora?
El argumento demográfico es el que más pesa en los análisis. La generación del
baby boom empieza a retirarse en masa y las cohortes que entran al mercado laboral son más pequeñas. Un dato que circula en los análisis: la pensión media por jubilación superó por primera vez el
65% del salario medio en 2024, y en comunidades como Asturias, Cádiz o Valladolid ese porcentaje supera el 75%. Traducido: cada vez hay menos gente cotizando para sostener prestaciones que se acercan al salario de quien trabaja.
La respuesta oficial a esa ecuación es la inmigración y la productividad. La respuesta real, según muchos análisis, es que la hucha se vacía y alguien tendrá que pagar la factura. Los que hoy tienen 40 años lo verán.
El PP no la revierte y los sindicatos no la tocan
Una de las críticas más repetidas es la de la connivencia. El Partido Popular no ha revertido la reforma cuando ha gobernado, y los sindicatos mayoritarios no han convocado movilizaciones significativas contra ella. La explicación que se da es sencilla: ambos prefieren que el desgaste lo asuma el otro. El PSOE la aprobó, el PP la mantuvo, y ninguno quiere cargar con el coste político de tocarla.
Mientras tanto, la jornada laboral se reduce por un lado y la edad de jubilación sube por otro. La combinación tiene su ironía: menos horas cuando trabajas, más años antes de dejar de hacerlo. Algunos análisis apuntan a que el objetivo real es retrasar la salida del mercado laboral para aliviar las cuentas públicas, y que la reducción de jornada es una concesión cosmética.
La predicción que nadie quiere confirmar
En los países nórdicos ya se ha hablado de los
72 años como horizonte, según un comentario que circula en el debate. En España, la tendencia es la misma: dos meses por año, sin techo visible. Si el ritmo se mantiene, los nacidos en los ochenta y noventa podrían jubilarse más cerca de los 70 que de los 65. La pregunta no es si subirá, sino cuándo parará.
Y ahí el análisis se atasca. Porque nadie sabe qué pasa cuando la esperanza de vida se estanque, la natalidad no remonte y la productividad no despegue. El sistema de reparto se sostiene sobre una ficción aritmética que cada año se hace más difícil de cuadrar. La próxima actualización llegará en 2026. Y luego otra. Y otra.