El legado de un millonario del póker: Cesard, un año después
El 17 de abril de 2024 fallecía César Garrido Cazorla, conocido en los círculos del póker online como Cesard. Tenía 46 años y un infarto lo fulminó en su casa de San Petersburgo. Un año después, su figura sigue generando más preguntas que respuestas: ¿cómo amasó una fortuna jugando al póker? ¿Qué hay de cierto en las acusaciones contra su viuda ucraniana? ¿Por qué un hombre que se declaraba admirador de Hitler usaba un avatar de Kareem Abdul-Jabbar?
El póker como máquina de hacer dinero
Cesard no era un jugador cualquiera. Según quienes lo conocieron, se movía en los casinos americanos con la misma soltura que en las mesas online. «Estaba forrado», resumía un conocido, aunque sin precisar cifras. Se rumorea que su patrimonio neto rondaba los varios millones de euros, fruto de años de juego profesional y, según algunos, de una inteligencia fuera de lo común para calcular probabilidades. Su estilo de vida lo confirmaba: residencia en San Petersburgo, frecuentes viajes a Moscú y una pareja ucraniana que despertaba comentarios no siempre amables.
Las contradicciones de un personaje inclasificable
Defensor del Mein Kampf pero con un avatar de un jugador de baloncesto negro. Cristiano militante pero con un odio visceral a la Iglesia Católica. Antivacunas y crítico con la gestión de la pandemia, pero también un hombre que, según algunos, se vacunó para poder viajar sin restricciones. Estas contradicciones llevaron a que, incluso entre sus adversarios ideológicos, se le reconociera una coherencia en sus principios. «No era un falso ni un hipócrita como la mayoría», señaló un conocido que compartía con él la oposición a las medidas sanitarias.
El misterio de la viuda y la herencia
La muerte de Cesard dejó un reguero de sospechas sobre su pareja ucraniana. Quienes lo frecuentaban aseguran que ella eliminó todas las fotos con él de su perfil de Facebook poco después del fallecimiento, y que su vida continuó sin signos de luto. «La gold-digger hizo un gran negocio. Y sin necesidad de engendrarle descendencia. Muy profesional todo», escribió alguien que lo conoció. No constan hijos, y la herencia —que podría ser millonaria— habría ido a parar a ella. Las autoridades rusas no han abierto ninguna investigación oficial sobre la muerte, que fue certificada como infarto.
Un icono de la heterodoxia económica
Más allá de las polémicas personales, Cesard representaba un perfil cada vez más común: el nómada digital de alto poder adquisitivo que elige vivir en países con bajo coste de vida y fiscalidad favorable. Su elección de Rusia, y en concreto San Petersburgo, no fue casual: allí el precio del dinero y el coste de vida permiten mantener un nivel de lujo imposible en España. «Moscú le da mil vueltas a San Petersburgo en caché, pero los precios son más altos», comentaba. Este análisis microeconómico de su día a día sirve de ventana a una forma de vida que muchos envidian y pocos se atreven a emular.
Un año después, el recuerdo de Cesard sigue vivo en quienes compartieron pantalla con él. Su muerte prematura a los 46 años, su fortuna y el papel de su viuda ucraniana son los puntos que mantienen abierto el debate. Lo que nadie discute es que era un personaje único: un nazi confeso con alma de jugador, un cristiano que odiaba a la Iglesia, un millonario que vivía en Rusia. Una rareza difícil de olvidar.