Ahorro de 29 euros: ¿genialidad o riesgo sanitario?
Comprar 3,8 kilos de jamón cocido por 12,41 euros, 24 donuts por 5,60 y medio kilo de tomates medio podridos por 50 céntimos. El ahorro total declarado: 29,10 euros respecto a los precios de supermercado. Una cuenta que invita a preguntarse hasta dónde llega la optimización del gasto en alimentación.
Los números de la compra extrema
La operación se desglosa así: el jamón cocido, habitualmente a 30,40 euros en los lineales, se consiguió por 12,41 (un 59% menos). Los donuts, que en tienda cuestan 15,96 euros, se quedaron en 5,60 (65% de descuento). Y los tomates, que frescos valen 1,25 euros, se adquirieron por 0,50 céntimos, aunque en estado «medio podrido». El comprador afirma haber aprovechado las partes buenas para hacer salsa.
El debate sobre la seguridad alimentaria
Más allá del ahorro, la compra ha generado controversia. Algunos señalan que los donuts podrían estar caducados –de hecho, se menciona explícitamente que lo estaban– y que consumir productos en mal estado supone un riesgo para la salud. Otros defienden que, con criterio, se pueden aprovechar alimentos imperfectos o cercanos a su fecha de caducidad sin peligro. La cuestión divide entre quienes ven una estrategia de supervivencia económica y quienes la consideran una decisión temeraria.
Con estos diferenciales, la tentación de hurgar en los expositores de últimas unidades es fuerte. Pero la línea entre el ahorro inteligente y la falsa economía es fina. ¿Merece la pena el riesgo?