Cuentas de empresa y apps de transporte: el sexo de pago se digitaliza
Un conductor que comparte trayectos descubre, al teclear en Google el teléfono de su pasajera, que ese número aparece en anuncios de contactos. La anécdota es menor; el dato, no. El sexo de pago se organiza ya con las mismas herramientas que una pyme: app de transporte, cuenta de empresa en WhatsApp y una reserva abonada por un tercero.
Una cuenta de empresa como escaparate
Lo que en cualquier negocio sería una señal de profesionalización, aquí funciona como capa de intermediación. Ficha de empresa, catálogo de servicios, respuesta rápida. El viaje lo pagó otra persona y el mismo teléfono aparece asociado a varios anuncios distintos: el patrón clásico del gestor que coloca y cobra. En España el ejercicio individual no está tipificado como delito; la intermediación, el proxenetismo, sí está castigada. En la práctica esa frontera es fina y difícil de acreditar.
El único número verificable: 30 euros
Entre tanta interpretación asoma un umbral concreto. Por encima de 30 euros, el pago deja de compensar para quien se lo plantea. Es la cifra que separa la curiosidad del consumo, y la que ayuda a entender por qué buena parte del sector se mueve en tramos bajos, con rotación alta y márgenes que dependen del volumen y no del precio.
Nadie en esa cadena —ni el conductor, ni la pasajera, ni quien intermedia— deja rastro estadístico. La previsión más razonable apunta a menos fricción todavía: reservas más fáciles, más invisibles y menos contabilizadas. Con los datos disponibles, quien afirme cuánto mueve el sector en España está adivinando.