Por qué los youtubers subvencionados han sentado mal a medio internet
¿Paga el Estado a youtubers consolidados para que sigan haciendo lo que ya hacían? No es una pregunta retórica. Según las informaciones que han circulado, el físico Javier Santaolalla encabezaría la lista de perceptores de dinero público, y el canal La Gata de Schrödinger, con Rocío Vidal al frente, se ha convertido en el símbolo de la controversia.
Un canal público que compite contra los creadores independientes
El enfado no va con la divulgación, sino con la forma de pagarla. El Estado habría montado un canal de YouTube y, para darle audiencia, habría comprado contenido a influencers con comunidades propias. El símil que se repite es demoledor: como si el Gobierno levantara otra televisión pública y encargara programas a Antena 3 o Telecinco. El contribuyente paga dos veces.
También circula la teoría de que el dinero público evita que algunos creadores se muden a Andorra: quien cobra de la nómina estatal no necesita buscar paraísos fiscales. Si además esa nómina compra su silencio, la operación es redonda.
El que más cobra y el 'me too' pendiente
Entre los nombres señalados, Santaolalla es el que peor parado sale: las críticas le sitúan como el que más habría percibido. No está solo. Ibai Llanos, Xokas y Jordi Wild aparecen en la lista de sospechosos habituales por su pasado de buena sintonía con el Ejecutivo. La respuesta a la polémica ha sido el anuncio de una oleada de revelaciones, un 'me too' que los escépticos esperan con sorna.
El fondo es simple: ¿debe el dinero público financiar a quien ya tiene millones de suscriptores? Los críticos creen que no; otros sostienen que la divulgación también es servicio público. La ironía es que, mientras se pide menos estado para la economía doméstica, se celebra que el estado pague los canales. Mientras tanto, la próxima entrega de nombres puede resolver la duda. O no.