Ceuta, el compló que no se sostiene: la culpa es de la geoestrategia
¿De verdad alguien cree que Estados Unidos e Israel han montado la crisis migratoria de Ceuta para tumbar a un gobierno? Pues en la televisión que algunos ven con devoción, sí. El programa que las redes han rebautizado como “Horizonte Fabado” —guiso de frijoles para mentes hambrientas de enemigos— ha resucitado la teoría del complot: Washington y Tel Aviv estarían maquinando para desacreditar a España y exculpar a los verdaderos responsables, que nadie se atreve a nombrar.
La materia prima para este fuego viene de la realidad diplomática. El embajador de Israel ante la ONU ha afeado la política migratoria de España en plena crisis, y Estados Unidos ha respaldado de nuevo la soberanía jovenlandés sobre el Sáhara Occidental. Dos gestos que, vistos con lupa conspiranoica, se convierten en la prueba de un plan maestro. Visto con sobriedad, son la lógica de dos aliados que defienden sus intereses.
Luego está el apagón, esa otra sombra que algunos ven como ensayo general de sabotaje. Los hechos, sin embargo, son tozudos: una crisis migratoria se explica mejor por la presión en la frontera que por una conjura internacional. Mientras los tertulianos reparten culpas, en Ceuta la realidad es más simple: una valla, un muelle y la desesperación que no entiende de conspiraciones.
Al final, el único complot exitoso es el de aquellos que convierten la geopolítica en un culebrón para no hablar de lo que de verdad importa: la política migratoria propia y sus consecuencias.