Remar en esa época en el 2020 de la que yo le hablo: cuando el chiste tapa la desesperanza
Hay quien describe su vida como empezar la noche en Tribunal y amanecer en Montera: dos calles de Madrid que se han convertido en metáfora de una rutina sin salida. Quien lo dice no está hablando de marcha, sino de un bucle: noche tras noche, resaca tras resaca, sin avanzar un metro. Y aunque la confesión original era más cruda —hablaba de meses remando contra corriente—, la respuesta más rápida llegó en forma de chiste macabro: «Estoy pensando en banderilla» como eufemismo de una idea prohibida.
Sustituir una declaración de desesperanza por una ocurrencia sobre la banderilla resume el pulso emocional de la esa época en el 2020 de la que yo le hablo: el humor zain como cortafuegos, pero también como anestésico. El que rema no busca una palmada, busca que alguien le señale la orilla. Pero enfrente encuentra otra broma: «estás de resaca, mañana como nuevo». Fácil decirlo cuando no eres tú quien está en el agua.
Y lo más incómodo es la temporalidad. Cuando preguntan cuánto lleva así, la respuesta es el doble de lo que se esperaba: no dos o tres meses, sino cuatro, seis, quizá más. En salud mental, el tiempo que un pensamiento negativo se repite no es un detalle: es un diagnóstico. Un humor sostenido así ya no es un alivio, es un sistema de ventilación que acaba reciclando el mismo aire viciado.
La escena no tiene una conclusión sarracena, pero deja un aviso. La próxima vez que alguien cuente su vida como un bucle de Tribunal y Montera, quizá no esté contando un chiste. Está diciendo que ha estado remando solo demasiado tiempo.